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Centenario del Carmen

Publicado: 29 de Septiembre de 2026

Vivimos, sin duda, un tiempo y un año muy especial, en el cual quisiéramos mirar, a la luz de la fe práctica en la Divina Providencia, cada acontecimiento, aniversario y situación, tanto a nivel país, como de la Iglesia y de nuestra Familia de Schoenstatt, para intentar descubrir y escuchar a qué nos llama Dios: en lo personal, en lo comunitario, en lo eclesial y lo social.

Quisiéramos detenernos hoy en un acontecimiento, que traspasa todos esos ámbitos y discernir juntos cual es la respuesta que Dios y la Mater esperan de sus hijos del Cenáculo en esta tierra chilena. Se trata del Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Madre de Chile, de el 19 de diciembre de 1926, con la autorización canónica del Papa Pío XI y la presencia del Nuncio Apostólico, como su delegado, para tan solemne ceremonia.

Anteriormente, en el contexto de la Independencia, en abril de 1818, en la víspera de la Batalla de Maipú, el Libertador Bernardo O’Higgins la proclamó Patrona y Generala de las armas chilenas, prometiendo levantar un templo en su honor. Es éste el origen del Templo Nacional de la Virgen del Carmen, que hoy congrega a miles de peregrinos en Maipú.

Es en ese mismo lugar que, en abril de 1987, el Papa San Juan Pablo II, en su visita a nuestro país, renueva la consagración de Chile a la Virgen del Carmen y le ofrece una corona a la Virgen y una más pequeña, al Niño Jesús en sus brazos, signo elocuente de la unidad de Cristo y de María.

Es esta larga tradición mariana, en esta fértil tierra chilena, en la que hunde sus raíces nuestra Alianza de Amor con María. Sin duda que ello no pasó inadvertido para nuestro padre Kentenich, quien en Valparaíso, el 27 de junio de 1947, en su primer viaje a nuestro país y a tan sólo 4 días de su llegada, firma el Acta de Fundación del Movimiento de Schoenstatt en Chile, junto al grupo de señoras a las que les da el nombre de fundadoras.

Es con ellas y con algunas jóvenes, que el 9 de Noviembre de 1948, el Padre Fundador, corona a la Mater como Reina de Chile y del Universo. Al año siguiente, el 5 de Junio, tiene lugar la Coronación de la Mater como Reina de la Misión, que hace el Padre Fundador, junto a las Hermanas de María, en el Santuario Cenáculo de Bellavista, cuna del 31 de Mayo, Tercer Hito de la Historia de Schoenstatt.

Visto lo anterior, nos surge la pregunta: ¿podremos pasar de largo ante la convocatoria que nos hace la Iglesia a celebrar, el próximo 19 de diciembre, el aniversario de los 100 años de la Coronación de María, en su advocación de Virgen del Carmen, como Reina y Madre de Chile?

Cómo no recordar al padre Kentenich, cuando nos señalaba que en Santiago teníamos a la Inmaculada en el cerro y su taller en el valle, aludiendo al Santuario de Bellavista.

Es el mismo padre quien nos dijo que, desde allí, María tendría que ser la Educadora del pueblo chileno. Y más aún, le encomendó más tarde a los Padres de Schoenstatt y a la Familia, que se hicieran cargo de la pastoral mariana, en el Templo de Maipú. Los Padres asumieron la dirección pastoral del Santuario Nacional desde su bendición hasta ahora, ¿Y nosotros, su Familia?

Por su parte, la Conferencia Episcopal de Chile, en su carta de convocatoria para el Centenario, nos aclara que “María es Reina no por dominio, sino por su íntima unión con Cristo y su servicio humilde” y cita al Papa Francisco que nos dice que “Ella como una verdadera Madre camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (E.G., 286). Es que su realeza es la del amor que guía, protege y conduce a sus hijos hacia la plenitud de la vida en Cristo.

Los Obispos, en la citada carta, hacen mención de “los profundos desafíos que enfrenta nuestro país: la secularización, la pérdida del sentido de Dios y las divisiones que amenazan la unidad social y la convivencia cívica.” En este contexto, nos invitan a “mirar e invocarla a Ella, la Madre que convoca, guía y protege”.

Junto con anunciar que en el marco de este Centenario, la Iglesia ofrece a los fieles el don de la indulgencia plenaria, nos llaman a que “este tiempo debe ser para nosotros un tiempo de gracia y renovación”. En el cual nos instan a “redescubrir la vida sacramental, a fortalecer la oración en familia, a reavivar las devociones marianas y a asumir con renovado ardor la misión evangelizadora”… “Es tiempo de volver a Cristo de la mano de María, para que nuestro país recupere la fuerza de su fe y la unidad de su espíritu. La historia de Chile no se comprende sin la Virgen del Carmen. Ella ha estado presente en los momentos fundacionales, en las pruebas y las esperanzas del pueblo. Hoy, como ayer, nos invita a confiar en Dios y a caminar unidos”.

Ante la carta de los Obispos, no podemos sino estar de acuerdo con lo que ahí nos plantean. Sin embargo, nos sorprende que la invitación a celebrar los 100 años, no incluya una renovación de la Coronación.

Nos vienen a la mente las palabras del padre Kentenich: “Tiempos de aniversario son tiempos de gratitud, de celebración y de renovación de lo que se conmemora” (cita no textual). Es lo que la Familia vive cada 18, en el día de Alianza, y especialmente en octubre, a lo largo y ancho de todo el mundo.

Ante esta realidad, surge la pregunta ¿Y qué podríamos hacer nosotros? ¿Podríamos insinuarles a los Obispos de Chile, que renovemos la Coronación a la Virgen del Carmen? ¿No es urgente pedirle a Ella que asuma como Reina en los difíciles momentos que vivimos como país? ¿No podríamos impulsar una corriente de coronación, al menos en nuestras filas?

Un día fueron los padres de la Patria quienes acudieron a Ella, ¿no podrían ser hoy las madres de la Patria, quienes la coronen como Reina? Las mismas que tanto hacen por los suyos y que tan poco se reconoce y valora su dignidad y su silencioso servicio de amor, de cuidado y educación, en la familia y la sociedad, desde la cuna hasta el fin de la vida.

¿No sería posible pedirle a Ella que se manifieste nuevamente y que con el poder de su amor y su bondad, sea la Reina, Madre y Educadora, para hacer de Chile una familia, una mesa para todos, un hogar para los hijos de un mismo Padre que nos ama?

Quisiera terminar, evocando a una mujer chilena, nuestra gran poetisa y maestra, Gabriela Mistral, a quien en el 2025 recordamos especialmente, a los 80 años de haber recibido el Premio Nobel de Literatura y que ha recibido el homenaje de colocar su figura en la Plaza Baquedano.

Me permito traer a la memoria, los versos, al inicio y al final, de una muy conocida poesía suya y que pudiera ser fuente de inspiración para el hoy:

La pregunta es si hoy queremos decir: “Sí, con María, Reina, Madre y Educadora, hacia una Patria que sea hogar para todos sus hijos”.

Corónate Madre, Reina y Educadora, en esta tu tierra chilena, para que con tu poder y tu bondad, podamos reinar contigo hoy, para que nuestra patria entera sea en y con Cristo, un reino del Amor, de la libertad y la fraternidad de todo los hijos del Buen Padre Dios y que la creación entera alabe a la Trinidad Santísima.

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