
Una gran oportunidad
Una gran oportunidad
P. Gonzalo Illanes
Editorial mes de marzo
Para muchos, el año no comienza realmente en enero, sino ahora: cuando vuelven las clases, se reordenan los horarios, reaparecen los tacos, los cuadernos, las listas de pendientes y esa sensación de que “ahora sí que sí” empezó el año. Algo parecido ocurre por dentro: se retoma el paso, se vuelve a ordenar la vida.
Y este “comienzo real” nos encuentra en plena Cuaresma. No es un detalle. Es una gracia. Porque mientras el año académico empuja a toda velocidad, la Iglesia nos invita a otra cosa: detenernos por dentro, ordenar la casa, preparar el corazón para la semana más importante de nuestra vida cristiana. Volver a lo esencial. Volver al Señor.
En este contexto, como Familia de Schoenstatt también llegamos con el pasado reciente lleno de signos que alegran. Misiones de verano, campamentos de juventud, Cruzada de María, etc. Y además, el año pasado vivimos 8 Jornadas Regionales, desde Arica a Puerto Montt, con más de 1500 participantes. Y más allá de los números, lo que se palpaba era espíritu: rostros nuevos que se acercan, personas que vuelven a arrimarse a la casa, comunidades que se reaniman. Hay brotes concretos de vida nueva.
Nos tocó también la partida de dos grandes personas. La Hna. Yerthy y del P. Rafael Fernández fallecieron en el tiempo de verano. ¡Como duele despedir! Pero sus testimonios son semillas, son brotes de vida que nos dejan una pregunta: ¿cómo hacemos para que lo recibido de parte de ellos no quede simplemente como un recuerdo bonito, sino que se vuelva vida que siga corriendo?
Además, el mundo entero parece moverse con rapidez. Vemos tensiones internacionales, especialmente en medio oriente, que nos recuerdan la fragilidad de nuestras relaciones y la urgencia de la paz. A su vez, en Chile se inicia un nuevo ciclo político, con esperanzas y preguntas.
Con todo esto, ¿qué podemos hacer nosotros?
Me viene al corazón esa frase tan bonita y concreta atribuida a la Madre Teresa: que cada uno barra la puerta de su casa, y el mundo será un lugar mejor. Dicho en nuestro lenguaje: hacer lo que nos toca. El fiel y fidelísimo cumplimiento del deber, según nuestro Padre Fundador.
Y aquí se vuelve central el lema nacional que nos acompañó ya el año pasado y que queremos nos siga animando en este próximo tiempo: ¡Que viva tu Alianza! El año pasado lo gritábamos casi como en clave de vítores: ¡viva! ¡viva la Alianza que nos alegra y nos sostiene! ¡Gracias por esta Alianza! Y ahora, este año, sin dejar atrás lo anterior, queremos acentuar el poder escucharlo como una voz que viene desde lo alto. Como si la Mater, desde nuestros santuarios, nos dijera a cada uno: “que viva tu Alianza”. Es decir: hazla carne. Hazla cotidiana.
Que viva en el modo de hablar en la casa. En la paciencia del trabajo. En el estudio hecho con responsabilidad. En la fidelidad a la oración cuando no dan ganas. En el servicio cuando sería más cómodo restarse. En la humildad para pedir perdón. En la generosidad para ofrecer cada día algo al Capital de Gracias. Porque la Alianza no es una pieza de museo. Es una fuente viva. Y cuando se vuelve vida concreta, empieza a transformar silenciosamente lo cercano.
Marzo y Cuaresma nos exigen. Pero bien vividos pueden ser un comienzo bendecido: un paso hacia una vida más ordenada, más ofrecida, más de Dios.
¡Que viva tu Alianza!