
Una llama encendida
Campamento de Pioneros – Malcho 2026
Rafael Ruiz Moris / Talca
Como Pionero de Schoenstatt, me siento profundamente agradecido y feliz por el Campamento realizado entre el 4 y el 10 de enero en Malcho. Fue una experiencia verdaderamente enriquecedora, marcada por un ambiente fraterno y lleno de vida durante cada uno de los días que compartimos.
El Campamento estuvo lleno de actividades variadas que iban desde conversaciones y talleres espirituales hasta dinámicos torneos deportivos. Todo esto se vivió bajo el lema: “Por la Mater, juégatela Pionero”, el cual intentamos conquistar día a día. Este llamado nos impulsó a ofrecer abundante Capital de gracia, tanto dentro como fuera del encuentro, y a desafiarnos constantemente: iniciar una conversación con algún pionero que no conocíamos, ofrecerse para lavar las ollas después de las comidas, leer en la misa o simplemente salir de nuestra zona de confort.
Sin duda, todo lo vivido fue posible gracias al esfuerzo y la dedicación de quienes organizaron el Campamento: padres, seminaristas, jefes de rama y pioneros. Con entusiasmo y generosidad lograron que todos nos sintiéramos incluidos, alegres, reflexivos y, sobre todo, profundamente conectados con la Mater.
En lo personal, Schoenstatt ha transformado mi manera de ver la vida. Sus enseñanzas y valores me acompañan en cada lugar al que voy, y en este último Campamento se arraigaron con una fuerza especial, encendiendo una llama que estoy seguro arde también en cada uno de los que vivimos esta experiencia.
Los talleres de “mística” fueron particularmente significativos. A través de distintas dinámicas pudimos reflexionar sobre nuestra vida y el entorno que nos rodea. Recuerdo especialmente el taller del P. Jesús, donde vivimos un momento de profunda introspección por medio de la meditación. Nos alejamos a un lugar tranquilo y silencioso, lo que nos permitió detenernos y mirar con honestidad nuestro interior.
Éramos aproximadamente 100 pioneros provenientes de la zona centro-sur del país: Bellavista, Buin, Rancagua, San Fernando, Curicó, Talca, Concepción, Temuco, Valdivia y Puerto Montt. Entre todos se forjaron amistades sinceras, conversaciones profundas y un renovado entusiasmo por nuestra fe en la Mater.
Otro momento inolvidable fue el Raid, instancia en la que cada Rama sale del Campamento para pasar la noche a la intemperie. Allí compartimos risas, desafíos y reflexiones que nos ayudan a crecer juntos. Es una experiencia que fortalece profundamente la unidad de cada rama y que queda grabada para siempre.
El Campamento también nos desafió a crecer como personas, planteándonos horizontes claros: servir con generosidad, vivir según los ideales de Schoenstatt, atrevernos a ser distintos –porque el pionero valiente nada contra corriente– y, sobre todo, llevar a la Mater en cada paso de nuestra vida.
La misa de culminación fue un momento especialmente significativo. Algunos sellaron su Promesa, otros coronaron a la Mater, otros asumieron el Compromiso con la Misión de Schoenstatt y muchos renovaron compromisos ya asumidos. Fue un signo claro de que cada joven presente decidió profundizar su fe y su compromiso, buscando ser cada día mejor persona. La celebración estuvo llena de cantos, alegría y gratitud, cerrando el Campamento con un verdadero broche de oro.
En conclusión, el Campamento fue una experiencia inolvidable que encarnó los valores que libremente hemos decidido vivir y que queremos conservar para siempre. Hoy puedo decir, con orgullo y convicción, que me siento profundamente agradecido de ser schoenstattiano.