
Bendición sendero Anunciación
Por Verónica Ochagavía
Sin duda lo recordaremos como un hito en la historia de nuestra Familia. El 25 de marzo, día de la Anunciación, la bendición y entrega a la comunidad del sendero y mosaico con la imagen de la Encarnación del Verbo quedará grabado en nuestros corazones.
La historia comienza muchos años atrás cuando surge el Taller Anunciación con la idea de recrear imágenes con los momentos más destacados de la presencia de la Mater en el Evangelio. El objetivo era evangelizar a través de mosaicos que se instalarían en Bellavista. Después de buscar un lugar dónde funcionar, el grupo de artistas terminó instalándose en nuestro terruño.
Paralelamente, Monte Schoenstatt se había transformado en el lugar de paso para miles de senderistas y amantes de la montaña que llegan cada día para subir al Manquehue y Manquehuito. Algunas voces habían manifestado la intención de construir un sendero que ordenara ese flujo, pero los tiempos de la Familia aún no estaban maduros para acogerlas.
Hace un par de años comenzó a escucharse, con más fuerza, la idea de una pastoral del trekking que acogiera y acompañara a los senderistas. Esa acción dio sus frutos y celebramos la primera Alianza de un senderista que luego trajo también a toda su familia. Nos pareció que la Mater nos estaba hablando y pidiendo una nueva mirada. Surge en ese momento, el aporte para iniciar las obras de un sendero que ahora incluiría el mosaico de la Anunciación en que el taller había trabajado por más de 6 años.
Así comenzamos a concretar este proyecto que ocupó parte importante de nuestras energías y desvelos en este último tiempo.
Cómo no agradecer a nuestra Madre y Reina su presencia y conducción en esta historia que, con hechos muy concretos, nos ha ido confirmando por qué quiere instalarse en este terruño a los pies del cerro Manquehue. Estamos convencidos que la bendición del mosaico de la Anunciación forma parte de su plan para este lugar. Ella nos ha mostrado que no se trata sólo de un espacio para la Familia de Schoenstatt, sino especialmente, un lugar desde donde Dios quiere salir al encuentro de tantos hijos suyos que suben estos cerros. Es el regalo que Dios hace a toda la comunidad con la presencia de su Madre que quiere acoger y abrazar a todos sin distinción.
Esa tarde del 25, Dios nos regaló ver los frutos de tantos años de fidelidad, de todo este tiempo de hacer Familia, de ir el uno en el otro al corazón del Padre. Como si hubiese gritado y contagiado a todos lo que estamos viviendo en Monte Schoenstatt.
Muchos llegaron ese día a celebrar con nosotros. Algunos nunca habían estado en este lugar y manifestaban su sorpresa y admiración por lo que veían. Imposible no conmoverse ante la belleza de los cerros que bajan hasta los pies de Monte Schoenstatt como queriendo abrazar y acoger a todos. Estamos convencidos que el sendero y mosaico, con la plaza de la Anunciación, serán, en este lugar, testimonio de nuestra misión como Familia: acoger, abrazar y ser instrumentos del amor del Padre para cada uno. De la mano de María.
Lo que vivimos esa noche estuvo cargado de emoción, cercanía y espíritu de familia. Daban ganas de poner tres carpas y quedarse ahí.
“El ángel entró en el silencio de María. Toda esta escena es silencio, intimidad y armonía. ¿Es posible pintar el silencio? La gracia del mosaico es que está hecho de piedras, cada una contiene mil colores y estas fueron ordenadas por luces y sombras, dibujo y color. El dibujo nos habla del evangelio, el color evoca a la emoción. La luz de la sombra es la presencia del Espíritu Santo y sus siete dones, quien permite la venida del Hijo de Dios al vientre de María. Entonces, el verdadero silencio, más que ausencia de palabras, es presencia de Dios. Cada piedra del mosaico es obra de Él. Dios es suave susurro, paz y armonía. Estas piedras creadas por nuestro Padre, recogidas por muchas personas en diversos cerros del mundo, fueron recreadas por Él en una imagen plasmada en el silencio de esta montaña. Fundidas en esta Anunciación, vienen a regalarnos un silencio que es paz interior, armonía serena, apertura gozosa hacia lo alto, un silencio que si queremos vivenciar nos dejará vía libre al Señor”.
Patricia Lyon, directora del Taller Anunciación




