
Coronación de la MTA
Algo importante se está moviendo en la Rama de Hombres a lo largo de Chile. La semana pasada se refundó la comunidad de Puerto Montt. Tiempo atrás pasó lo mismo en Concepción. Y se prepara, próximamente, la de Temuco. Son señales sencillas, casi silenciosas, pero que hablan de una savia nueva corriendo bajo la superficie del Movimiento: allí donde parecía no haber nada, la Mater sigue levantando hombres y comunidades.
Nuestra propia historia como Rama en Chillán es parte de esa misma savia. Somos, con cariño, una “Rama pandémica”: nacimos en 2021, en plena pandemia, cuando todo invitaba a la dispersión, al aislamiento y al miedo. Y, sin embargo, ahí, entre restricciones y pantallas, un grupo de hombres decidió arriesgarse a ser comunidad. Quizás por eso entendemos mejor que otros lo que significa nacer débiles y, aun así, sostenidos por una promesa más grande que nosotros.
Este 29 de agosto hemos vuelto a coronar a la Mater, esta vez bajo el lema: “María, Reina del amor fiel: guíanos para servir como San José”. No es una frase decorativa. Es un programa de vida. Porque el amor fiel no se demuestra en el entusiasmo de un solo día, sino en la constancia de muchos días ordinarios; y el servicio de San José no busca protagonismo, sino que escucha, protege y actúa cuando la vida que le ha sido confiada lo necesita.
En lo particular el lema encuentra su cauce natural en el Ideal de nuestra Familia de Chillán que es: “Tierra fiel del Padre, cuna de santidad”. Somos tierra porque en nosotros algo puede germinar, aunque el terreno sea nuevo o el clima adverso, como comprueban las ramas que renacen en Concepción, Puerto Montt y Temuco. Somos fieles porque, como Rama pandémica, aprendimos que la fidelidad no depende de las condiciones externas sino de la decisión de permanecer. Y somos cuna de santidad porque cada nueva comunidad que nace, cada hombre que se anima a formar parte, es un signo de que el Padre sigue confiando su vida a esta tierra.
Coronar a María como Reina del amor fiel es, en el fondo, pedirle que siga haciendo lo que ya hace: sembrar Ramas donde humanamente no se esperaría ninguna, y enseñarnos a servir, como San José, sin necesitar que las circunstancias sean perfectas para decir que sí.
