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Entrevista Hna. Jimena Alliende

Publicado: 28 de Abril de 2026

De las huellas del padre al mundo: el desafío de vivir la fe y la Alianza en lo cotidiano

Por Susy Jacob

La Hna. Jimena Alliende lleva Schoenstatt en la sangre. En 1954 su casa fue Santuario Hogar –con cuadro ocotogonal, idéntico a los de los santuarios– motivado por el P. Hernán Alessandri y su hermano Joaquín. Desde sus dieciséis años “Bellavista ha sido mi terruño, y en sus rincones me he dejado permear por la historia viva de Schoenstatt en Chile”, reconoce. Su Alianza de Amor data de 1965 y en 1968 ingresó al Instituto de las Hermanas de María.

“Es impresionante sacar las cuentas y verificar que de los 100 años del Instituto de las Hermanas he sido parte de su transcurso durante cincuenta y ocho años”, reconoce ella. Y entre los hitos más importantes que le ha tocado vivir fue la muerte del padre Kentenich, cuando ella era novicia. Eso la llevó a embarcarse en múltiples iniciativas creativas para guardar la herencia, especialmente rescatando y conquistando ‘huellas del Padre’. En ese tiempo se vio aparecer ‘el teléfono del Padre’, los lugares de recuerdo del Padre y mucho más, incluida la corriente de alianza con el Padre y la red de santuarios.

Estudió las carreras de Filosofía y Periodismo. Trabajó en algunas revistas, escribió un libro, colaboró en la Asistencia Dinámica y ha investigado temas históricos. “Llevo más de 50 años metida en textos del Padre. Lo ´he pasado muy bien´ aprendiendo, pensando y escribiendo. Especialmente en historia y huellas del Padre en Chile”.

Y en los últimos 8 años ha presidido la Conferencia Nacional de Institutos Seculares, elegida por “votación popular” según los estatutos.

¿Podría contarnos brevemente qué es CONIS y cuál es su misión dentro de la Iglesia?

Hay que partir diciendo que en Chile nació como corolario del Concilio Vaticano que valoró sobremanera la participación laical en la Iglesia y su empeño por involucrarse en lo secular.

CONIS es una agrupación que coordina y vitaliza la vida y tareas de laicos (as) consagrados (as) en medio del mundo. Es una vocación a la entrega indivisa a Dios al servicio de los hermanos animando con la fe desde dentro de la sociedad. A esa inserción en el mundo concreto y cotidiano se suma la práctica de los tres consejos evangélicos: obediencia, pobreza y castidad en ‘modo laical’.

La aspiración a la santidad en lo cotidiano está clara: los consejos evangélicos. El estilo de vida es de una amplitud magnífica. Pueden vivir solas o en comunidad. Pueden tener o no tener tareas comunes. Pueden vivir en total anonimato sobe su consagración a Dios o mostrarlo con tranquilidad. Lo normal es no usar hábito. El que nosotros llevemos traje talar desconcierta y hay que dar explicaciones. No comprenden pero, en definitiva, respetan. Todos los Institutos profesan votos temporales y perpetuos. Los únicos que no tienen votos son los Institutos de Schoenstatt. Todos –excepto nosotros– rezan el Oficio Litúrgico. Los (as) integrantes tienen suma autonomía en lo económico, ejerciendo profesiones de todo tipo.

¿Cuáles diría que fueron los principales desafíos y también las mayores alegrías que vivió durante estos años al frente de CONIS?

¿Alegrías? ¿Cómo sintetizar? Lo primero es estar allí en mi calidad de Hermana de María y entregar un granito de arena del carisma del Fundador al estilo de María. Palpar una Iglesia viva a pesar de sus crisis y nudos. Hay algo que no se extingue. Eso me ha renovado las esperanzas. Tiene que ver con nuestro lema jubilar: María, luz de esperanza. Me consta que es así.

Se me amplió el mundo. Lo distinto me ha hecho madurar. Puedo pisar el terreno cultural en el que se desenvuelve la mayoría de los chilenos. Entendí otra cultura urbana, otro modo de relacionarse, donde el barrio es esencial, la solidaridad es patente, el estilo de austeridad asombra, el modo que se cultiva la fe en devociones y parroquias. Tuve que salir de un cierto encapsulamiento del marco de nuestra espiritualidad y de nuestros barrios con más prosapia. Conocer la amplitud de la Iglesia ha sido un gran regalo. Me he bajado del pedestal de nuestra auto valoración para estimar lo que parece más sencillo. Comparar es una necedad, lo importante es detectar las semillas de vida y regarlas. No es fácil asimilar que los cuadros de Schoenstatt no se desarrollen en la periferia, aunque la Virgen Peregrina actúa como una cuña para ganar un espacio.

Hay grandes desafíos en la línea vocacional y lo que trae el envejecimiento de los (as) integrantes de los Institutos. Casi no hay vocaciones. Es esperable dada la corriente secularista, sumándose todos los avatares que ha padecido la Iglesia. La humedad de las alas no ha permitido que las águilas vuelen. Los laicos buscan pertenencia en los Movimientos eclesiales y la desafección juvenil se desliza como una sombra en cada entresijo de nuestra sociedad. Los Institutos están habitados por un sinnúmero de personas ya jubiladas, lo que dificulta y relentiza la inserción en lo secular. La mayoría de los Institutos son internacionales y algunos han dejado Chile. La invasión del secularismo, del ‘presentismo’, de la ‘desconstrucción’ nos ha afectado sobremanera. ¡Hay tantas realidades que nos desafían!

Los Institutos Seculares tienen una forma particular de consagración en medio del mundo, ¿qué riqueza aportan hoy a la vida de la Iglesia y a la sociedad?

Yo diría que son una avanzada laical. Es un juego permanente entre ‘vivir en el mundo sin ser del mundo’. Es una vocación que se conoce poco. Su aporte pretende ser, justamente, una respuesta evangélica a la realidad secular, en todos los ámbitos allí donde la Iglesia no ha podido llegar. El Cardenal Chomalí ha llamado a evangelizar la ciudad… ¡de eso se trata!… Hay que salir de las sacristías para subirse en el Metro, para comprar pan en la esquina, para atender público en instituciones estatales, sin pedir todo por internet y con menos reuniones por Zoom.

En este camino, ¿qué aspectos de la espiritualidad de Schoenstatt han sido especialmente importantes para sostener su misión?

Aventuro una respuesta. Se me ha confirmado que Schoenstatt existe para el mundo: para redimirlo y encaminarlo. Su misión, en el centro vivo de la Iglesia, se sostiene en una visión integral de la persona y en la valoración de la comunidad. Aporta una síntesis entre la dimensión inmanente y la trascendente en la que nos movemos. Esa voluntad de integrar es esencial: persona y sociedad, lo terreno y lo divino. He confirmado que los santuarios son nuestro cable a tierra y la alianza de amor que se expande en todas las direcciones… Hay mil temas… La personalización que significa el cultivo de un ideal personal… como el cultivo del santuario del corazón sostiene la propia dignidad … el modo de veneración mariana que hace de la persona un colaborador … Resumen: cultura de alianza.

El padre Kentenich tuvo una mirada muy profunda sobre la misión de los Institutos Seculares en la Iglesia. Desde su experiencia en CONIS, ¿cómo percibe hoy la vigencia de esa visión?

Se puede decir mucho. ¡Claro que hay vigencia aunque las lecturas pueden diferir! El 14 de marzo, 1947, el Padre se comprometió con Pio XII a que ¡todo Schoenstatt! se empeñaría en ese estilo de secularidad en su amplio arco de modalidad. Y lo mismo con Pablo VI: ¡llevar adelante el Concilio! Este tema sobre la vigencia del carisma me obsesiona. Creo que tendemos a repetir frases hechas, pero es más débil la conversación entre las palabras del Padre y lo que late hoy en la cultura. El modo nuestro de estar en la historia no ha cambiado, pero hay nuevos elementos para integrar y analizar las coherencias internas.

Después de estos años de servicio, ¿qué realidad de los Institutos Seculares le ha impresionado o marcado especialmente?

Hay realidades que me han marcado e influido muchísimo. Enumero: su manera de palpitar con la Iglesia; la identificación con los más débiles compartiendo penurias. Su apego e inspiración radical en el Evangelio de Jesucristo. En la actualidad admiro y aprendo de la forma como están enfrentando la realidad de la vejez propia y ajena. Después de haber vivido años y años volcadas a lo apostólico y profesional, las fuerzas disminuyen y hay que modificar la agenda diaria. Es interesante, siempre buscan inserción en organizaciones de servicio, desde animar la comunidad de los edificios, hasta acompañar a enfermos en el hospital. Y la vida cambia radicalmente cuando deben cuidar años y años a los padres ancianos, al hermano minusválido. Son espacios de sacrificio oculto y silencioso. En nuestra jerga diríamos: es el espacio del Capital de gracias escondido…

Mirando hacia atrás, ¿qué aprendizaje personal le deja este tiempo de servicio en la Iglesia a nivel nacional?

He experimentado que no somos corazón de la Iglesia, sino más bien un ‘latido’ del corazón entre muchos otros. ¡Para que decir lo que significa estar en Santiago y a nivel nacional! Hay culturas chilenas de distinto corte. Como lo he repetido, he aprendido de la diversidad, de los modos distintos de estar en la Iglesia. He aprendido a ser más humilde con nuestro aporte. He aprendido que más que las ideas, la influencia se ejerce por el contacto personal.

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