Volver

“la Alianza vive en el corazón de cada uno”

Publicado: 14 de Mayo de 2026

Entrevista al padre Alexandre Awi: “La Alianza vive en el corazón de cada uno”

Por Denise Ganderats

Bajo el cielo de Bellavista y con la mirada puesta en Schoenstatt, la Alianza y la misión de una Iglesia en salida, conversamos con el P .Alexandre Awi, Superior General del Instituto de los Padres de Schoenstatt, sobre su visita a la comunidad de los Padres y la fuerza de un carisma que no se detiene. Su visita, no ha sido un recorrido de agendas apretadas, sino de encuentros personales, de “escuchar la vida”, de compartir fraternos. Y en esta entrevista, el P. Alexandre nos abre el mapa del Schoenstatt internacional, que late con ritmos distintos: desde la madurez reflexiva de Europa hasta la explosión de fe en Burundi y Nigeria. Pero, más allá de las fronteras, su mensaje aterriza en lo más íntimo de nuestra misión: vivir nuestra Alianza.

P. Alexandre, desde su cargo como Superior General, ¿cómo ve a Schoenstatt internacional hoy?

Schoenstatt sigue siendo un Movimiento vivo en la Iglesia. En algunas zonas está un poco más envejecido, como en el centro de Europa, pero en Austria y Alemania hay una presencia importante. Así mismo, Schoenstatt sigue creciendo en prácticamente todos los países de América Latina. En algunas partes, como pasó acá en Chile, la pandemia y la crisis general de la Iglesia se resintieron en el Movimiento, pero ya se notan muchos signos de recuperación. El desafío ahora es el desarrollo en India y Nigeria. Burundi es especialmente conmovedor, donde Schoenstatt no es solo un grupo de oración, sino una realidad profundamente enraizada en la identidad del país, sirviendo de puente hacia la región de los Grandes Lagos, Tanzania y el Congo.

Aunque mi tarea es con los Padres de Schoenstatt y coordino la Presidencia Internacional, uno tiene cierta visión. Las comunidades en general no crecen tanto y algunas están envejecidas, pero hay mucha esperanza en las comunidades laicales: el Instituto de Familias, las Federaciones, la de Hombres, de Madres o Señoras. Son comunidades que crecen con mucha fuerza. Parecido pasa con la Campaña de la Virgen Peregrina, que sigue siendo una parte fuerte del Movimiento, y corrientes de vida como los Madrugadores o el Terço dos Homens (Rosario de Hombres) en Brasil, que tienen una vertiente más popular.

El hecho de que se hayan bendecido nuevos santuarios recientemente indica que el Movimiento sigue creciendo.

¿Cómo se logra entregar este carisma a nivel internacional y respetando las costumbres locales?

Es siempre un esfuerzo de inculturación. El Evangelio es el mismo para todas las culturas y el carisma de Schoenstatt está llamado a penetrar en ellas. Lo que vemos en Burundi es muy original y propio, pero es Schoenstatt puro; en Brasil es más popular pero enraizado en las fuentes. Así, los desarrollos son distintos: en Alemania los “grupos de vida” no son una realidad fuerte como en Chile, ellos tienen “círculos” y se juntan menos en el ámbito de la Liga. Pero tienen la misma pedagogía y espiritualidad.

No hay que sorprenderse si los desarrollos son distintos porque son propios y adaptados a cada cultura, pero con las mismas fuentes de gracia. Así, la mirada internacional nos devuelve la imagen de una Familia que sigue bendiciendo nuevos santuarios y que, a pesar de las sombras, camina hacia una transparencia histórica que le permitirá entregar su legado a la Iglesia con renovada humildad y fuerza.

Padre, su visita a Chile ha sido extensa y muy dedicada a la vida interna de su comunidad, ¿cómo ha sido ese encuentro con los padres chilenos?

Lo que estoy realizando es lo que llamamos “visitación canónica”. Nuestras constituciones prevén que, en su mandato de seis años, el Superior General visite a cada uno de los padres y a todas las casas de la comunidad. No es por un motivo especial o de crisis, sino por un anhelo de cercanía. He tenido conversaciones personales con cada uno de los casi 60 padres en Chile y con los 30 seminaristas; encuentros de casi dos horas para saber en qué está cada uno. Ha sido muy positivo para aprender de la realidad local y manifestar la presencia de la comunidad internacional.

Usted, como brasileño, tiene una mirada externa privilegiada, ¿qué rasgos de la Provincia de Pentecostés (Chile) le han llamado la atención?

Pentecostés es una provincia marcadamente misionera. Chile no solo vive hacia adentro, sino que ha fundado o tiene responsabilidades en Portugal, España, Estados Unidos, México, Ecuador y Costa Rica. Muchos padres chilenos están trabajando fuera en tareas de formación o en la Dirección general. Se nota que hay un espíritu del 31 de Mayo que se replica en esta entrega por la comunidad internacional. En Brasil, por ejemplo, somos muy pocos para un país tan grande y necesitamos ayuda externa; aquí, en cambio, hay una fuerza de envío muy generosa.

Pensando en la identidad del sacerdote de Schoenstatt, ¿cómo se equilibra el ser de la comunidad con las necesidades de los laicos?

Nuestra comunidad fue la última fundada por el Padre Kentenich en 1965 con un propósito claro: ser la “parte central y motriz” del Movimiento. Nuestra tarea no es para nosotros mismos, sino para el servicio desinteresado a la vida de la Familia. Tratamos de encarnar la pedagogía y espiritualidad del fundador para servir donde se nos necesite, ya sea en asesorías o apoyando los nuevos santuarios que surgen. No vivimos de nuestras propias estrategias; estamos ahí para potenciar la vida de la Familia de Schoenstatt en diálogo con las otras comunidades y, cada vez más, colaborando con los asesores laicos, que hoy cumplen un rol fundamental donde nosotros no alcanzamos a llegar.

Estamos en mayo, un mes que para nosotros tiene un sello especial por el hito del 31 de Mayo. En este mundo de redes sociales, activismo y ritmos acelerados, ¿cómo podemos actualizar esa misión hoy?

Todo lo que hacemos en Schoenstatt es para realizar la misión del 31 de Mayo. Es la fecha en que el Padre pone el carisma al servicio de la Iglesia. Vivir nuestra pedagogía y espiritualidad hoy es cumplir esa misión.

Podríamos mencionar elementos como el cultivo de los vínculos en un mundo individualista: el vínculo con Dios, con el prójimo y que el amor humano sea transparente del amor divino. El peligro es quedarnos en eslóganes. Vivimos el 31 de Mayo en la medida en que vivimos Schoenstatt plenamente y ponemos nuestro carisma a disposición de la Iglesia; cuando nuestra pedagogía y espiritualidad se vuelven una respuesta real a los desafíos actuales, vinculando lo natural con lo sobrenatural en cada paso que damos.

El lema que acompaña a la Familia en Chile este año es “Que viva tu Alianza”. A veces corremos el riesgo de que la Alianza se vuelva un recuerdo o solo “algo bonito” y no traspase la vida. ¿Dónde se juega verdaderamente una “Alianza viva”?

Se juega en el corazón de cada uno y en la santidad de la vida diaria. Ahí es donde la Alianza se hace carne, más que en los grandes acontecimientos. La Alianza viva significa que Dios y la Mater nos escogieron como aliados y nosotros respondemos en lo cotidiano. Es una forma original de caminar: sabemos que no lo hacemos con nuestras propias fuerzas, sino por la gracia que recibimos. Por eso la autoeducación y el aporte al Capital de Gracias son tan fundamentales; son la manera de mantener ese fuego encendido en medio de nuestras tareas comunes.

Hablando de mantener el fuego encendido, en Schoenstatt tenemos la tradición de renovar la Alianza cada día 18. ¿Por qué es tan importante este hito mensual y qué le diría a quien quizás ha perdido la motivación de asistir a los santuarios ese día?

El día 18 es el momento de juntarnos como Familia y recordar aquel 18 de octubre de 1914. Es una pausa necesaria para entregar nuestro Capital de Gracias y renovarnos para el mes que viene. Es volver al “primer amor”, a ese momento en que la Mater nos captó el corazón y prometió ser fiel para siempre. Quizás nosotros muchas veces no somos fieles, pero Ella no olvida ese compromiso. Celebrar el 18 nos une además a personas de todo el mundo que están en la misma sintonía; es una corriente de vida que nos recuerda que somos aliados y que nuestra entrega diaria tiene un sentido profundo en el Santuario.

En mayo se darán cita en Bellavista más de 650 dirigentes de todo Chile. Tras su recorrido por el país, ¿qué mensaje le gustaría dejarles para esta instancia de encuentro?

Mi mensaje es de esperanza. Al recorrer Chile me he dado cuenta de que hay un “repuntar”, un renovar de la Iglesia y del Movimiento. Veo que estamos volviendo a lo que éramos antes de las crisis y la pandemia, pero no por una cuestión de números, sino por una opción más adulta y madura. Muchos han sido probados en el “crisol” de las dificultades y han decidido quedarse por convicción, no por moda. La jornada en Bellavista es una oportunidad estupenda para re-encender el fuego, intercambiar experiencias y llevar esa alegría de vuelta a sus ciudades y ramas. Los dirigentes están llamados a seguir contagiando a otros el carisma en el que creemos.

Sobre la figura del P. Kentenich, a veces pareciera que se le deja “en la esquina” y ya no se habla tanto de él y de la vinculación a su persona, ¿cómo hacerlo presente hoy?

Schoenstatt y el padre fundador están profundamente vinculados; es imposible transmitir el carisma o la Alianza de Amor sin mencionarlo. Como dirigentes, es importante tenerlo presente y hacerlo con naturalidad.

Hoy tenemos la oportunidad de cultivar un vínculo “más iluminado” porque conocemos mejor nuestra historia y tenemos más elementos para explicar lo que pasó. Es un proceso natural de maduración. Tenemos más elementos para responder y explicar lo que pasó. No hay que tener susto, sino conciencia de que este vínculo maduro es necesario. Probablemente nos falte todavía una elaboración de todo lo ocurrido, y esa será nuestra tarea para los próximos años: trabajar y conocer mejor nuestra historia, con una conciencia agradecida y madura.

Para terminar, ¿cuál es su anhelo para el Schoenstatt que viene tras este tiempo de renovación?

Mi anhelo es que sea una conciencia agradecida. Que creamos realmente que Dios quiere, a través de Schoenstatt, renovar la Iglesia y la sociedad. No lo hacemos sintiéndonos mejores que otros, sino porque creemos en la misión que el padre nos dejó. Es un legado que nos invita a dar un aporte concreto al mundo de hoy, con humildad pero con la fuerza de saber que la Mater nos eligió como sus aliados para esta tarea.

Compartir esta noticia:

Noticias relacionadas