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La fuerza de nuestra Alianza

Publicado: 16 de Mayo de 2026

ssssssdfsdCCon la fuerza de nuestra Alianza

por Rafael Mascayano

Hay días en los que el cielo parece tocar la tierra de una manera especial, y el pasado 11 de abril del 2026 fue, sin duda, uno de ellos. Bajo el lema “Con la fuerza de mi Alianza, servimos como Familia”, el Santuario Cenáculo de la Providencia abrió sus puertas y su corazón para recibir a una comunidad sedienta de encuentro, reflexión y, sobre todo, de misión.

Desde las 15.00 hrs. el ambiente ya vibraba distinto. No era solo una inscripción; era el reencuentro de hermanos que, entre abrazos y sonrisas, daban vida a esa “calurosa acogida” que tanto nos caracteriza. Con la guía cercana de María Ximena “Nena” O’Ryan, y el impulso de Ricardo Bruna y Cecilia Melo, nos adentramos en el propósito del día: sintonizar nuestros latidos con el querer de Dios.

El momento de mayor profundidad llegó con las palabras del P. José Tomás. Inspirado en la carta pastoral de monseñor Chomalí, sus palabras no fueron un simple discurso, sino un fuego que encendió la sala. Nos invitó a sacudirnos el polvo de la rutina y a dejar de ser meros “dispensadores de servicios” para convertirnos en testigos audaces. Nos recordó que, en una ciudad donde la fe a veces parece languidecer, nosotros estamos llamados a ser esa luz que irradia la alegría de Cristo, una alegría que nace de la Alianza y que se desborda hacia los demás.

Tras un café que supo a hogar y que permitió estrechar vínculos, llegó el momento de “arremangarse el alma”. Nos dividimos en siete “Mesas de Diálogo”, pero el nombre se quedaba corto: eran verdaderos espacios de Cenáculo. Allí, entre el aroma al compartir y la escucha atenta, el Espíritu Santo tomó la palabra a través de las experiencias de cada uno.

Desde el silencio de la Adoración, motor de todo lo que hacemos, hasta el compromiso valiente en el Apostolado Social (donde Cristo nos espera en el rostro del anciano, el niño o el preso); desde nuestra inserción en las Parroquias hasta la delicadeza del Servicio al Santuario, la Catequesis y las Comunicaciones. En cada mesa, la pregunta no era qué hacemos, sino desde dónde lo hacemos. De este diálogo fraterno brotaron las “Ideas Fuerza”, esas brújulas que hoy marcan nuestro caminar como familia hacia un servicio con alma y proyección.

Cerrando esto, tuvimos un momento íntimo y que fue el del Compromiso Personal. En silencio, cada uno escribió su entrega. Una copia quedó en el Capitalario, a los pies de la Reina, como una ofrenda de amor; la otra, la llevamos en el bolsillo, cerca del corazón, para recordarnos en el día a día que nuestra Alianza es para el mundo.

Este año, nuestro compromiso tuvo un eco especial. Al sellar nuestras promesas personales, lo hicimos con el corazón puesto en el Año Jubilar de las Hermanas de María. Cada anhelo de servicio y cada entrega depositada en el Capitalario se transformó en un regalo de gratitud por su fidelidad, pidiendo a la Mater que este jubileo florezca en abundantes vocaciones y frutos para toda la Iglesia.

El sol comenzaba a caer cuando nos dirigimos al lugar donde todo cobra sentido: nuestro Santuario. En una atmósfera de oración profunda, envueltos por la sencillez de la música tipo Taizé y unidos de las manos frente a la Mater, sentimos la fuerza de ser un solo cuerpo.

Allí, frente a Ella, resonó con fuerza una visión que nos define: el Santuario como un “Hospital de acogida, sanación y envío”. Un lugar de puertas abiertas donde no hay juicios, solo el abrazo misericordioso que recibe la fragilidad humana para transformarla en fuerza misionera.

Regresamos a nuestros hogares con la certeza de que este encuentro no fue un punto final, sino el inicio de una primavera para el Cenáculo de la Providencia. Nos fuimos con la alegría de sabernos enviados a transformar las estructuras desde el amor de Cristo, con la convicción renovada de que, en Schoenstatt, nadie camina solo. Porque con la fuerza de nuestra Alianza, hoy más que nunca, servimos como familia.

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