
Para esta hora hemos nacido
Para esta hora hemos nacido
por P. Felipe Ríos
Al reunirnos en la JND 2026 como dirigentes de la Familia de Schoenstatt en Chile para reflexionar, nos hizo mucho bien confrontarnos con una mirada de la realidad actual. Nuestras comunidades están insertas en una situación concreta y no podemos responder si primero no la conocemos. Sabemos, eso sí, que la realidad es siempre más compleja y dependerá también de la ciudad y sector donde vivimos. Nuestro Padre nos animaba a “tener la mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”.
En su análisis, Josefina Araos puso el acento en tres realidades:
1. Vivimos un tiempo de incertidumbre. Las razones son múltiples; hay un cambio constante en lo laboral generado por movilidad, la tecnología y ahora la IA. Además, surge la pregunta de si nuestro mundo es realmente sustentable ante el calentamiento global. Por otro lado, hay un movimiento migratorio que modifica constantemente el escenario de los países y un nuevo rebrote belicista. Un signo de esto es la caída tremenda en la natalidad y la búsqueda de seguridad ciudadana.
2. Debilitamiento de los vínculos sociales. Las instituciones mediadoras como las Iglesias, sindicatos, partidos políticos, escuelas y familia ya no convocan como antes. Eso lleva a que vivamos en una sociedad dispersa con un alto grado de desconfianza en estas instituciones. La contraparte es el crecimiento de hogares unipersonales, parejas cada vez más inestables y por lo tanto una experiencia abrumadora de soledad. Se instala una mirada individualista de la vida.
Crisis en lo político. Surgen liderazgos disruptivos, populismos que parecen ilusoriamente responder a la crisis de incertidumbre, soledad y abandono.
Estamos llamados a aceptar esta realidad sin abandonarnos a la desolación, sino más bien para comprender que “para esta hora hemos nacido”. El Espíritu Santo ha regalado un carisma en Schoenstatt para poder aportar a estos tiempos. María nos intercederá la Gracia porque caminamos en Alianza, pero cuenta con nuestra creatividad y audacia en plasmarlo concretamente. No sirven las respuestas de siempre.
Justamente nuestra pedagogía y espiritualidad tienen que ver en su núcleo con esta problemática. ¿Dónde está nuestro punto de apoyo ante un mundo tan cambiante? Nuestro fundador nos propone un camino en la filialidad heroica. Una experiencia existencial que le regale paz al corazón en tiempos convulsos y cambiantes.
La pedagogía de los vínculos y la espiritualidad de Alianza está en nuestro ADN como familia. Estamos llamados hoy más que nunca a ser casos preclaros de familias, de comunidades nuevas que muestren el gozo de pertenecer. No se trata de plantear más ideas, sino de hechos concretos. Como decía el Papa Francisco “no se crece por proselitismo, sino por atracción”. Nuestras comunidades tienen el desafío de no encapsularse tanto social como culturalmente. ¿Qué tan permeables somos? ¿Se comprende nuestro lenguaje? Hoy hay ganas de pertenencia, pero sin compromiso ¿qué nuevas instancias creamos para dar cabida? ¿Son nuestros santuarios y centros lugares donde se pueda reunir la comunidad circundante, incluso para otro tipo de actividades? ¿Es Schoenstatt un aporte para reparar el dañado tejido social?
Finalmente, la crisis política es más bien una crisis de autoridad. Nuestro Padre responde desde su propuesta del hombre nuevo; el hombre y mujer paternal y maternal. El Papa León en su encíclica Magnífica Humanidad nos alerta de que estamos ante un gran cambio de época. El Papa presenta dos imágenes bíblicas: el de la torre de Babel, ensalzando el afán de dominio, la exclusión de Dios y la deshumanización o la reconstrucción del templo por parte de Nehemías que convoca libremente y busca una responsabilidad compartida por el bien común con la mirada puesta en Dios. ¿Queremos ser parte de esa reconstrucción de la Ciudad de Dios?