
Un mes para vivir la Alianza
Un mes para vivir la Alianza
por P. Gonzalo Illanes
¡Llegó mayo! Un mes muy querido para nuestra Familia de Schoenstatt. Mes de la misión, del aniversario del Santuario Nacional de Bellavista, de Pentecostés y del tercer hito de nuestra Familia, el Hito del 31 de mayo. Y si le permiten hablar a mi alma nortina e iquiqueña, tampoco podemos olvidar: mes de mayo, mes del mar.
También es significativo que este mes nos encuentre preparando la Jornada Nacional de Dirigentes. Cerca de 650 dirigentes del Movimiento nos reuniremos en Bellavista, venidos desde distintos lugares del país, para encontrarnos como Familia, mirar juntos los signos de los tiempos y dejarnos renovar por aquello que está en el centro de nuestro carisma: la Alianza de Amor con la Santísima Virgen.
Queremos volver a tomar conciencia del don inmenso que se nos ha regalado en la Alianza y asumir con más decisión aún el desafío que este don implica. Pero, ¿qué significa, en concreto, que la Alianza sea el corazón de nuestro carisma?
Significa que no vivimos nuestra fe “al lado” de la Alianza, como si fuera un adorno de nuestra espiritualidad. Como schoenstattianos queremos adentrarnos en toda la riqueza de la fe católica desde el sello que nos da la Alianza. Es caminar nuestra vida de fe tomados de la mano de María. Rezamos, celebramos la misa, leemos la Palabra, planificamos, servimos, conversamos y decidimos desde esa certeza profunda de sabernos arraigados en el corazón de la Mater.
Y desde ahí, desde ese vínculo vivo con Ella, nos lanzamos por completo al seguimiento de Cristo.
¿Qué tan viva está nuestra Alianza? ¿Qué tanto ilumina nuestras decisiones concretas? ¿Qué tanto se refleja en el modo en que tratamos a los demás, servimos, trabajamos, perdonamos, conducimos, escuchamos, enfrentamos conflictos y construimos familia y comunidad? Decir que la Alianza está en el centro no puede ser sólo una afirmación bonita. Tiene que convertirse en coherencia. Tiene que hacerse vida.
La Alianza no nos encierra ni nos separa de la vida real. Al contrario, nos abre. Nos envía. Nos hace entrar con más profundidad en la Iglesia, en el Evangelio, en la misión, en el dolor y la esperanza de nuestro tiempo. Una Alianza viva no se queda guardada en el Santuario. Se encarna. Se nota. Se vuelve estilo de vida.
Necesitamos que la Mater vuelva a reunirnos en su Cenáculo, como en Pentecostés, para mirar con gratitud el Don recibido y dejarnos impulsar nuevamente hacia fuera. Que nos enseñe a vivir una Alianza más consciente, coherente, encarnada y misionera. Una Alianza que transforme la vida.
En este mes de mayo, al recordar el 31 de mayo y al prepararnos para la Jornada Nacional de Dirigentes, pidámosle al Espíritu Santo que renueve en nosotros la alegría de nuestra vocación. Que vuelva a encender el fuego de la Alianza en el corazón de la familia y nos encuentre disponibles, tomados de la mano de la Mater, para decir una vez más: ¡Que viva tu Alianza!