
Entrevista a María Pía Adriasola
Entrevista a María Pía Adriasola, Primera Dama de Chile
Una misión recibida en Alianza, “le decimos sí, en ti confiamos“
Por Susy Jacob
La edición de marzo de Vínculo abre el año con un hecho inédito para nuestra historia reciente: un matrimonio perteneciente al Instituto de Familias de Schoenstatt asume la Presidencia de Chile. José Antonio Kast será investido como Presidente el próximo 11 de marzo, y junto a él, María Pía Adriasola retomará el rol de Primera Dama, figura que no existió formalmente en el período anterior.
En el mes en que celebramos el Día Internacional de la Mujer, quisimos conversar con ella no solo por la relevancia pública que hoy asume, sino también por su identidad más profunda: mujer católica, esposa, madre de nueve hijos, abuela, y miembro activa de nuestra Familia de Schoenstatt. Nos pareció significativo conocer cómo su historia de fe, su vínculo con la Mater y la pedagogía del Movimiento han marcado su vida matrimonial y familiar, y cómo iluminan esta nueva etapa de servicio público.

Sabemos que en nuestra Familia de Schoenstatt en Chile conviven legítimamente distintas miradas y sensibilidades políticas. No todos han apoyado el mismo proyecto país ni han votado por el mismo candidato. Sin embargo, nos une algo más profundo: somos hermanos en la fe, hijos de la misma Madre, sellados en la misma Alianza de Amor. Desde esa comunión espiritual, reconocemos que a este matrimonio le toca hoy asumir una misión especialmente exigente para el país.
Esta entrevista busca situarse precisamente en ese lugar: no en la contingencia partidista, sino en el corazón de una vocación. Desde allí queremos acompañarlos con nuestra oración y permanecer unidos en el Santuario, como familias que comparten una misma Alianza y una misma misión, confiando en que la Mater sabrá conducir los pasos de nuestra historia común.
María Pía Adriasola Barroilhet nació en Santiago el 9 de marzo de 1967, es abogada de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Los Andes. Está casada desde el 6 de abril de 1991 con José Antonio Kast y es madre de nueve hijos y abuela de cinco nietos. Su vida profesional y académica ha estado profundamente vinculada al ámbito de la familia, en coherencia con su vocación matrimonial y su pertenencia al Instituto de Familias de Schoenstatt.
¿Cómo fue su formación católica en la infancia y juventud, y qué personas marcaron ese camino espiritual?
– Mi formación católica es primero una experiencia de mi casa, donde mis padres fueron fundamentales. Recibí formación católica en la etapa de colegio. Vivir en el campo, en contacto con la naturaleza, fortaleció mucho mi propia relación con Dios. En la Universidad entré a la Juventud femenina del Movimiento. Desde entonces, el P. Horacio Rivas fue siempre muy cercano. También mis suegros, junto a los cuales viví durante 24 años, me marcaron mucho por su generosidad y su espíritu de servicio.
¿Cómo conoció el Movimiento de Schoenstatt y qué fue lo que más la atrajo de su espiritualidad?
– Conocí el Movimiento en un retiro cuando estaba en el colegio. Llegamos a Bellavista y me atrajo la atmósfera del lugar y el Santuario, que me hizo sentir que ese era mi lugar. Conocí un sacerdote que era muy alegre, que tocaba guitarra y cantaba. Y lo que más me encantó fue que lo espiritual se trabajaba en familia y en comunidad. Para mí eso fue lo más sorprendente.
¿Qué los llevó a integrarse en la Rama de Matrimonios y, luego, incorporarse al Instituto?
La mirada original de Schoenstatt, centrada en la familia, en el desarrollo espiritual arraigado en una realidad humana, natural y cotidiana ha sido muy enriquecedora para nosotros. El cultivo de una relación de amor personal con la Mater y con Dios toma una forma concreta en nuestra relación como matrimonio, como padres y en todos nuestros vínculos en general. Tener una comunidad es un tremendo aporte para acompañarnos unos a otros en este camino.
¿Cómo ha influido en su vida matrimonial y familiar la pedagogía de Schoenstatt?
– La pedagogía de Schoenstatt se va entendiendo e incorporando en nuestras vidas a lo largo del tiempo. Armonizar la vida espiritual con los desafíos de la vida es lo más lindo. Tener un Santuario Hogar, con la presencia operativa de la Mater que acompaña y sostiene siempre, que cuida, protege y que armoniza, ha sido un gran regalo.
La elección presidencial abre una etapa completamente nueva para su familia, ¿cómo recibe el desafío de que su esposo será Presidente de Chile?
– Recibo este desafío como un encargo especial, como un don y una tarea. Creo que necesito vivirlo con mucha naturalidad, para llevarlo tranquila y dispuesta.
¿Cómo han discernido esta misión como matrimonio?
– Dios nos ha regalado nuestra misión en todos los sentidos de la vida. Él ha ido marcando el camino con mucha delicadeza. No apura, no exige, tiene sus tiempos perfectos. Así ocurrió con nuestra vocación matrimonial, con la llegada de nuestros niños y con la vocación al servicio público. De alguna manera Él nos ha movido, nos ha preparado y nos ha puesto hoy en este lugar. Le decimos “Sí” y confiamos.
Tras un período en que no existió formalmente la figura de Primera Dama, usted asumirá ese rol, ¿qué sentido quiere darle y qué estilo personal quisiera imprimirle a esta tarea?
– Para mí tiene mucho sentido estar juntos en esta tarea y ser un buen complemento para José Antonio. Juntos hemos formado una gran familia. Este encargo me invita a agrandar el corazón para acercarme a todos con cariño maternal. Mi estilo personal son los abrazos, la cercanía.
¿Cómo puede aportar en reconciliación, esperanza y el diálogo a los desafíos del país su espiritualidad?
– Creo que todos los chilenos anhelamos vivir en paz y armonía. La vida espiritual ayuda a ver el amor y el respeto como base de todo diálogo y entendimiento, buscando siempre el bien común. Si todos nos conectamos con esa necesidad profunda de Bien, estoy segura que Dios nos va a ayudar muchísimo a encontrarnos y entendernos
¿De qué manera la formación recibida en Schoenstatt puede iluminar el ejercicio del servicio público y la responsabilidad política que asumen?
– La presencia de Dios en la vida regala una alegría y confianza especial. Aunque te sientas pequeño ante grandes desafíos, sabes que El y la Mater están ahí. Junto con hacer las cosas lo mejor que puedes, está la certeza de que Él es Quien conduce.
La vida política exige ritmos muy intensos, ¿cómo proyectan cuidar la vida familiar y matrimonial en medio de esta agenda tan exigente?
– La clave está en asegurar lo fundamental. En lo matrimonial, anhelamos mantener los Martes de Pololeo que son más o menos flexibles dentro de una misma semana. En lo familiar, los domingos son días especiales de encuentro, igual que fiestas y celebraciones de cumpleaños. Fuera de eso, hay libertad para que cada uno haga con dedicación lo que tiene que hacer.
En este mes en que la Iglesia y la sociedad reflexionan sobre el rol de la mujer, ¿qué cree que puede aportar hoy una mujer creyente, esposa y madre, al Chile actual?
– Hoy necesitamos reconocer, valorar y aplaudir a todas las mujeres que acogen, adoptan o cuidan la vida de otros. El corazón maternal de la mujer es insustituible en la sociedad, ya sea en la familia, en el trabajo, o en cualquier otra tarea o lugar donde esté.
En lo personal, ¿qué le pedirá a Dios para este tiempo que se inicia el 11 de marzo? ¿Por qué quiere rezar especialmente?
– Que nos bendiga a todos con Paz, con comprensión y con buena voluntad. Que podamos rezar juntos un Padre Nuestro, sintiéndolo de todo corazón.
Finalmente, para los lectores de Vínculo y para tantas familias del Movimiento en Chile, ¿qué mensaje quisiera dejarles al comenzar este nuevo período para el país y para su propia vida?
– Que aprovechen toda la riqueza que tenemos en el Santuario. Que ahí nos encontramos y permanecemos unidos.
Como Familia de Schoenstatt queremos acompañar este tiempo con oración confiada. Los invitamos a unirnos espiritualmente por el Presidente y su señora, para que el Señor los ilumine y fortalezca en la misión que asumen, y para que todo sea para el bien de Chile. De modo especial, en este año 2026 en que la Iglesia chilena celebra el Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Madre de Chile, pongamos nuestra patria bajo su amparo y renovemos nuestra confianza filial en su protección.
