
Entrevista a Hna. María Jesús
Hijos y hermanos de un mismo corazón: 100 años de las Hermanas de María
por Susy Jacob
Entrevista a la Hna. María Jesús
A cien años del nacimiento del Instituto de las Hermanas de María, la Familia de Schoenstatt está de fiesta. No es solo una celebración de ellas, sino de todos, porque somos –como bien se nos recuerda– “hijos y hermanos de un mismo corazón”.
Este camino jubilar comenzó en octubre del año pasado, cuando las Hermanas abrieron este tiempo especial que han venido viviendo con distintas actividades, tanto en Chile como en los demás países donde están presentes.
En esta entrevista, la Hna. María Jesús, miembro la Dirección Provincial en Chile y encargada de las Hermanas del Movimiento, nos comparte de manera cercana qué significa este Jubileo. Nos recuerda que los 100 años se cumplen el 1º de octubre, y que la celebración a nivel internacional será el 3 de octubre en el Santuario Original de Schoenstatt, en Alemania.
Te invitamos a leerla y a vivir este Jubileo como algo propio. Porque cuando una parte de la Familia celebra, todos recibimos esa gracia.
Hna. María Jesús, ¿qué significa este jubileo para ustedes, tanto a nivel espiritual como comunitario?
Creo que para todas, celebrar estos 100 años es en primer lugar un motivo de mucha gratitud. Nuestro padre Fundador, reconoció una voz de Dios en lo que se estaba gestando en las primeras mujeres que pertenecieron a Schoenstatt –idealismo, compromiso y querer ayudar a la Mater a extender sus brazos desde el Santuario– y se arriesgó a fundar nuestra comunidad. El quería poder plasmar en nosotras esa mujer nueva, esa familia nueva a las que aspiraba como ideal de Schoenstatt.
¿Cómo no vamos a estar agradecidas de su audacia para llamarnos a la vida? Sin esa audacia, sin esa fe, ninguna de nosotras hubiese encontrado el camino de plenitud que nos ha sido regalado a través de la Familia. Estamos agradecidas por él, y por haber sido llamadas por Dios a ser Hermanas de María.
Además de la gratitud, creo que también este Jubileo es un llamado a la renovación interior y, por otro lado, a la renovación en el compromiso con nuestra misión de comunidad. El padre nos fundó para ser alma de Schoenstatt. Eso no significa que todas tenemos que trabajar directamente en el Movimiento, pero sí que el sentido de nuestra vida es fecundar Schoenstatt, es encarnar Schoenstatt y es anunciarlo donde quiera que estemos, por nuestra palabra y especialmente por nuestro ser.
Mirando estos cien años, ¿cuáles diría que han sido los hitos más importantes en la historia del Instituto y en su misión dentro de la Familia?
Yo diría que los hitos del Instituto son los mismos de la historia de Schoenstatt. A través de cada uno de ellos, Dios ha ido marcando rasgos específicos de nuestra espiritualidad, y nosotras, con toda la Familia de Schoenstatt, hemos ido creciendo y formándonos según ellos; hemos ido profundizando nuestra vida de Alianza y visualizando nuevos horizontes en nuestra entrega y aspiración a la santidad.
Un 20 de enero, por ejemplo, marcó para nosotras la corriente de Jardín de María, que no es otra cosa que un aspirar a asemejarnos a María al pie de la Cruz, es decir, un reconocer que nuestra vida de Alianza necesita crecer hasta un desprendimiento total, hasta un asemejarnos a Jesús que da la vida. O un 31 de mayo nos marcó con la fuerte conciencia de misión: la Alianza de Amor no es una idea bonita, sino que es para vivirla mediante las causas segundas, es decir, viendo a Dios en todo, vinculándonos a Él en todo, y siendo también en todo, coherentes con la realidad de la presencia de Dios en nuestras vidas.
El Jubileo no es solo una celebración, sino también una oportunidad de renovación, ¿qué acentos o llamados sienten hoy como comunidad en este tiempo jubilar?
Diría que son dos los principales acentos: el primero es en relación a nuestra misión de comunidad. Los acontecimientos en torno a la persona de nuestro padre Fundador han significado, entre otras cosas, también un llamado a una mayor comprensión y encarnación de su carisma, que es en definitiva, el carisma de Schoenstatt. Creemos que este Jubileo nos llama a un mayor radicalismo para vivir ese carisma, para dar testimonio de él en cada una de nosotras, vuelvo a decir, más que por nuestra palabra, que también es necesaria, por nuestra forma de vivir, de amar, de ser familia; que el carisma, por así decirlo, “se pueda tocar en nosotras” y no se quede en los libros. ¡Es un gran desafío! Pero creemos que debe ser el fruto de una Alianza de Amor vivida. Y el segundo acento tiene relación con nuestra experiencia internacional, con un ir mirando juntas y muy unidas el presente y futuro de nuestra Familia. Estamos haciendo un muy valioso camino es esta línea.
Sabemos que este Jubileo se está celebrando en todo el mundo, ¿cómo lo están viviendo las Hermanas a nivel internacional?, ¿hay algún gesto o iniciativa común que las una globalmente?
Más que gestos, hemos ido haciendo un camino juntas como Familia internacional y pasando por diferentes etapas. Por ejemplo, la Cuaresma la vivimos todas como un tiempo de reparación y purificación con vivencias y gestos comunes, pues en 100 años hay mucho que agradecer, pero también mucho por lo que pedir perdón, mucho que reparar. Ahora estamos enfocadas en la preparación a Pentecostés, implorando el Espíritu Santo para el nuevo tiempo y todos los desafíos que tenemos como Familia, que no son pocos; y también tendremos un tiempo de gratitud y alabanza, pues son incontables los regalos y bendiciones recibidos en todos estos años. Queremos agradecer por la historia y principalmente por haber sido elegidas y llamadas a esta preciosa vocación.
Desde su mirada como miembro del Consejo en Chile, ¿qué frutos o gracias han podido ver ya en este tiempo de preparación y celebración del Jubileo?
Yo diría que internamente, como Comunidad, está siendo un tiempo de gracias para todas, un tiempo de renovación personal y comunitaria; y lo que está pasando en el corazón de cada Hermana es, sin lugar a dudas, el principal fruto jubilar.
Hacia afuera, creo que un fruto importante ha sido escuchar en diferentes oportunidades que celebrar el Jubileo de las Hermanas no es solo una gracia para nosotras, sino para toda la Familia de Schoenstatt. Es como el Cuerpo Místico, porque cuando un miembro sufre, todos sufrimos, y cuando un miembro está de fiesta y recibe gracias jubilares, todos las recibimos; es el efecto del “vamos el uno en el otro”. Nuestra vocación como Hermanas de María no tiene sentido sin toda la Familia de Schoenstatt, simplemente no se entiende. Entonces escuchar todas esas expresiones de unidad, de sabernos una sola Familia espiritual, en la originalidad de cada una de sus vocaciones, me parece un fruto importante.
En el transcurso del año hemos podido tener algunos encuentros con otras comunidades que han querido saber más de nosotras o expresarnos el cariño. Lo que encuentro valioso de todo esto no es que “nos quieran”, sino que después de cada encuentro hemos podido quedarnos con la sensación: somos hermanos en la Alianza, tenemos un mismo padre Fundador y nos une la misma misión: Schoenstatt. Ojalá el Jubileo nos pueda fortalecer a todos en esta conciencia.
En Chile, ¿qué actividades o iniciativas concretas han preparado para vivir este año jubilar junto a la Familia de Schoenstatt y la Iglesia?
La principal actividad será nuestra celebración jubilar del 5 de septiembre, donde queremos celebrar con toda la Familia de Schoenstatt y miembros de la Iglesia; y donde el cardenal Monseñor Fernando Chomalí presidirá la Eucaristía.
Lo demás ha sido de tipo comunicacional: se nos ha ofrecido escribir un artículo en la revista del arzobispado y algunas entrevistas radiales o escritas.
Pensando en septiembre, que es el momento central de esta celebración en Chile, ¿cómo proyectan vivir ese hito?, ¿qué esperan que ocurra en el corazón de quienes participen?
La verdad es que esperamos que sea un hermoso encuentro de Familia y todos puedan encontrarse con un pedacito de María. La fundación de cada comunidad es clave para la Familia de Schoenstatt, lo mismo que el nacimiento de cada hijo en una familia natural; y la familia no se concibe sin cada uno de sus hijos.
Hoy estamos celebrando el nacimiento del primero de los hijos y por eso las Hermanas estaremos un poco más al centro, pero esperamos seguir celebrando los 100 años de cada uno de los demás hijos y poniendo al centro a cada uno, con toda su riqueza y tarea: Gracias Madre, gracias padre, porque ustedes han dado vida a esta gran Familia que no existiría sin ustedes, sin su Sí.
Ojalá que el 5 de septiembre pueda ser una vivencia como la que describe el Cántico al Terruño, y que de ella todos salgamos fortalecidos, renovados y dispuestos a seguir luchando por la misión de renovar el mundo desde nuestro Santuario.
Finalmente, ¿qué mensaje le gustaría dejar a la Familia de Schoenstatt en Chile en el marco de este Jubileo, especialmente en el contexto de vivir nuestra alianza y misión hoy?
En el Himno Jubilar de los 75 años del 31 de mayo, que fue un hito, especialmente para nuestra Familia de Schoenstatt en Chile, hay un verso que dice: “Somos hijos y hermanos de un mismo corazón”. Ese corazón es el de nuestro padre Fundador, y es en ese corazón donde aprendemos a vivir la Alianza de Amor con María en todas sus dimensiones, profundidad y altura.
Como Familia de Schoenstatt estamos caminando iluminados por el lema “Que viva tu Alianza”. Yo simplemente diría: Que se nos note… Que se note nuestro carisma, que se note la raíz de donde proviene esa Alianza de Amor, para que podamos ser verdaderamente ese Movimiento de renovación religioso – moral del mundo, de la sociedad. Tenemos una misión y no podemos dejar de cumplirla…

