
Jornada del Jardín de María
Vamos la una en la otra
Por Paulina Respaldiza Ch.
El 23 de septiembre se realizó, en el Santuario del Valle de María, un encuentro de todos los círculos que forman el Jardín de María de la Rama de Señoras de Chile… Más de 80 mujeres compartieron sus vivencias y desafíos para hacer vida –en solidaridad de destinos– el carisma que nuestro padre y fundador nos legara.
En el jardín encuentra su expresión un anhelo secreto y remoto del hombre. Es el anhelo del paraíso perdido, por el jardín en el cual Dios cultivaba una relación de confianza con el hombre.
El Padre Kentenich siempre recogió la imagen del jardín y del jardinero… hasta que Dios le confió en una Nochebuena el Jardín de María. Aquí el buen Dios encerró en una sola palabra, en un símbolo, la riqueza inagotable de todo nuestro mundo de Schoenstatt.
El 20 de Enero de 1942 y el Jardín de María
Estando el padre José en la cárcel en Coblenza, experimenta una lucha interior grande. Cada día está más convencido de que Dios le pide ir al campo de concentración. El padre cuenta que el 20 de enero en la Misa, durante la consagración, recibió la respuesta. Fue un paso difícil, que entrañaba una enorme confianza en el querer de Dios. Sabía que habría cruz, pero estaba seguro que la Mater cuidaría de él y que saldría victorioso. Por eso, cuando se refiere al 20 de enero, dice que es un “caminar en la confianza divina”.
Él abraza su cruz para que la Familia llegue a ser un Jardín de María. Si él asumía su lugar, por su condición de fundador, Dios iba a bendecir a los suyos. Esto implica solidaridad de destinos, ganar la santidad del uno por el otro; una comunidad de corazón, de misión y de tarea entre el padre y las Hermanas. Si la Familia quería que el padre fundador fuese liberado, tenía que convertirse en un floreciente Jardín de María.
En una plática, el Padre Kentenich recuerda ese entrelazamiento de destinos: “Ustedes no pueden imaginarse cuán intensamente viva estaba en mí en Coblenza, la responsabilidad por la Familia! Mi lucha por la libertad debía ayudarle a alcanzar la perfecta libertad interior. Y su lucha por esa libertad debía ayudarme a mí a conquistar la libertad exterior”.
En lo más profundo, así él veía su Jardín de María: “Nació en la Nochebuena de 1941 y nosotros lo consideramos como jardín de Inscriptio. En esto, la idea del mutuo precio de rescate, jugó su rol. Uds., querían ser precio de rescate por mí, para que cayeran mis cadenas y yo quería ser precio de rescate por Uds., por su libertad interior. El Jardín de María como jardín de Inscriptio fue el precio de rescate mutuo. ¿Y hasta qué grado quisimos ser precio de rescate el uno por el otro? Hasta el grado más alto posible”.
Pequeñas Marías
¿Qué significa llegar a ser un Jardín de María? Así lo define el padre José: “El Jardín de María está formado por pequeñas Marías que se han conformado en Cristo, que son portadoras de Cristo y que dan a luz a Cristo en el mundo y que con Cristo y en Cristo, giran en torno a Dios Padre”.
El término “pequeña María” implica una actitud profundamente filial, de niño ante Dios, por lo que lo esencial de esta María en pequeño, es ser hija, y –al igual que Cristo y la Mater– hacer siempre lo que agrada a Dios Padre.

El Jardín de María es una corriente de vida, es una profundización de la Alianza de Amor a nivel de la Inscriptio, que se ha hecho vida en todo Schoenstatt: Institutos seculares, Federaciones y Ligas apostólicas.
En la Rama de Señoras de Chile hay 16 círculos, repartidos en Santiago (4 en Providencia y Monte Schoenstatt, 1 en Bellavista, 1 en Colina, 2 en Maipo, 4 en Viña del Mar, 1 en Los Ángeles, 3 en Concepción. Y en la actualidad hay dos círculos en formación: Rancagua y Los Pinos.
El espíritu que nos inspiró en esta Jornada Nacional, nuestra misión y desafío como Jardín de María, como pequeña María, es mostrar a nuestro padre fundador como fuente y camino para formar al hombre nuevo en la nueva comunidad; lo hacemos en Alianza con la Mater y cobijadas en el Santuario, como instrumentos de Dios Padre.
Durante los meses previos a la realización de la jornada, los 16 círculos de Chile, trabajaron una característica o rasgo del padre Kentenich: su rostro amoroso, radiante, misericordioso, sereno, orante, transparente. Esa conquista fue presentada durante el encuentro del 23 de septiembre. La meta era hacer vida ese rasgo según la originalidad de cada círculo y que éste traspasara todo nuestro ser y actuar. Durante las presentaciones y el desarrollo de la jornada, surgieron otros rostros que nos inspiraron: el filial, crucificado, victorioso y agradecido.
La jornada fue profunda y nos motivó vitalmente a renovar nuestro compromiso por seguir las huellas del padre José. Pertenecer al Jardín de María es, pues, incorporarnos al padre fundador, unirnos a él, para así en solidaridad de destinos ser una Familia de hijos de Dios.
Estamos convencidas que nuestro esfuerzo por ser una pequeña María es nuevamente el precio de rescate para “que caigan las cadenas” del padre Kentenich. Al igual que las Hermanas de María en 1942, vibra en nosotras la conciencia individual y comunitaria en el lema: “¡El jardín debe florecer para que el jardinero pueda regresar!”… “Todo por amor y por alegría”.