
María luz de esperanza
En rincones vulnerables, donde la pobreza y el abandono parecen imponerse, las Hermanas de María –a través de la Fundación San José– levantan espacios de luz y dignidad. Su misión, definida como “Ser María hoy”, se hace carne en proyectos sociales que transforman vidas y devuelven dignidad y esperanza. Entrevistamos a la Hna. M. Soledad Boettcher Flores y la Hna. Marisol Quevedo, ambas trabajan en distintos proyectos sociales en Santiago.
Cuéntenos de ustedes, qué las motivó a ingresar a la Comunidad y cómo se mantiene vigente esa decisión.
Hna. Soledad. Soy de la ciudad de Osorno. Conocí a las Hermanas de María en Temuco mientras estudiaba Servicio Social en la Universidad de Chile. Entré al Movimiento, invitada por estudiantes de la Universidad. Cuando estaba en cuarto año de Universidad, me pregunté sobre mi vocación y conversé con una Hermana, y me preguntó ¿qué me gustaba de la comunidad de las Hermanas de María y qué no? Yo tuve una objeción seria sobre la comunidad. La Hermana me dijo, puedes mirar otras comunidades. Más tarde estando sola, lo “conversé” con Jesús y le dije: si quieres que me vaya a otra comunidad, muéstramela Tú. Yo no voy a andar golpeando puertas de conventos para discernir cuál es la comunidad a la que me estás llamando. Entré a la comunidad el 9 de marzo de 1982.
De las Hermanas, me llamó especialmente la atención su alegría, su acogimiento, su libertad. Terminé mi carrera en enero de 1982 y en marzo entré a la comunidad de las Hermanas.

Entré con el deseo de entregarse a Jesús sin condiciones; descubrí, estando dentro de la comunidad, mi vocación a la Adoración, donde permanecí 20 años. Hoy mi decisión vocacional se mantiene plenamente vigente adorando a Dios a través del servicio a los más pobres.
Hna. Marisol. Ingresé el año 1977 a la comunidad de las Hermanas de María. Decidí ingresar a la comunidad de las Hermanas porque las conocí cuando era estudiante en el colegio Mariano. Ingresé al Colegio en kinder con cinco años y me encantó la forma, el ambiente, el espíritu que reinaba en el colegio. Luego ingresé a los 13 años en el Movimiento de Schoenstatt. Me encantó la pedagogía, la alegría, el espíritu que reinaba, especialmente el que hubiera una misión donde poder entregarse enteramente por la iglesia, por el mundo, por las personas.

Escogí esta comunidad, para consagrar mi vida, porque es una comunidad que da mucho espacio para el desarrollo de la persona –respetando su originalidad– sus habilidades, sus talentos, en un espacio de libertad y decisión personal.

A lo largo de estos años, cada tarea confiada y a través de las vivencias internas de la comunidad, han sido realmente un regalo enorme para intentar ser esa aparición de María para tantas personas. Hoy sigue presente esa misión de poder ser un puente hacia el cielo, un reflejo de María.

¿Qué tarea tienen actualmente en la comunidad y cómo se vive allí la misión: “Ser María hoy”?
Hna. Soledad. Trabajo en el Centro Comunitario Hogar de María en La Florida, proyecto social con más de 50 años de existencia. Atendemos a familias vulnerables, especialmente mujeres y niños. Hacemos reforzamiento escolar, catequesis; de lunes a viernes se entregan almuerzos solidarios para 70 a 90 personas donde se experimenta siempre “la multiplicación de los panes”.
En el Hogar de María, la presencia de la Virgen, ser María hoy, se refleja en el trato digno y acogedor hacia las personas. El espacio mismo es signo de alegría y luz, y quienes trabajan allí son pequeños reflejos de María. Ahí se experimenta que María sale al encuentro como en la Visitación.
Hna. Marisol. Soy la responsable del proyecto Casa de María en Puente Alto, sector El Peñón. Trabajo con niños, mujeres, familias y voluntarios, buscando dignificar a las personas y desarrollar sus talentos para que sean agentes de cambio en su entorno.
Trato de ser María hoy en el día a día. Ser un lugar de encuentro, de contención para tantas personas que sufren, que han tenido una vida de dolor, de abandono. Quiero ser una luz y mensaje de esperanza sobre todo en el quehacer, en el estar, en el testimonio; no tanto por las palabras, sino que, a través del ser, del escuchar, del acompañamiento.

¿Qué mensaje les gustaría entregarnos en el contexto de la celebración jubilar de los 100 años de la fundación de las Hermanas de María?
Hna. Soledad. Que la vocación es un regalo de Dios, es un llamado “misterioso” pero real. Estoy segura, que el buen Dios sigue llamando, hoy más que nunca nos necesita. El padre Fundador, no se equivocó en fundarnos, somos una comunidad para este tiempo y para los más nuevos tiempos. Vivir el rol de la mujer, como Dios nos pensó, es una urgencia para nuestro tiempo. Hay que creer en la construcción del Reino de Dios, en el Reino mariano del Padre.
Hna. Marisol. Que la vocación es una bendición, es un mensaje maravilloso para este tiempo. Todo lo que la comunidad nos regala: la Familia y las Hermanas, tener un santuario, la alianza amor, todo lo que recibimos nos capacita para ser un testimonio de María. El celebrar 100 años de fundación es un tiempo de gracias por todo lo que el Señor, la Virgen y nuestro fundador nos han regalado.
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