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Una Alianza que es fuego

Publicado: 27 de Octubre de 2026

Un fuego que arde, 3 gracias y muchos vínculos

Por Susy Jacob / Familia de Punta Arenas

En una de sus visitas a Punta Arenas, el P. Horacio Rivas se reunió con mi grupo de “secundarias” y nos preguntó: “¿Quieren hacer la Alianza de Amor con la Mater?”. Nosotras sin dudar le dijimos que sí. Y nos respondió: “Las espero mañana a las 4 en la Ermita y llévenle una oración a la Virgen”. Nosotras llevábamos poco más de un año en el Movimiento y no sabíamos muchos detalles sobre la Alianza. Al día siguiente, en una sencilla ceremonia, donde solo estábamos nosotras con nuestras mamás, los Coordinadores de la Familia y el P. Horacio, sellamos nuestra Alianza con la Mater.

Han pasado 35 años desde ese momento que encendió un fuego en mi vida. No hubo curso de Alianza, taller de Alianza, ni charlas de preparación… ningún requisito, solo las ganas. Como decía el padre Kentenich: “La medida del anhelo es la medida de la gracia”.

La Hna. Silvia B., nuestra asesora en esa época, también me invitó a participar en un campamento en Montahue. Ahí conocí por primera vez un Santuario de Schoenstatt y, esa invitación, terminó por encender una hoguera en mi corazón.

Mi Alianza es un fuego que ha marcado mi manera de vivir y de vincularme. A través de las tres gracias del Santuario, la Mater ha ido moldeando mi vida y lo sigue haciendo cada día.

Un Fuego que me cobija

En nuestra Alianza, Ella me ha escogido como su hija y me ha cobijado con su calor. Me atrae muy especialmente su luz como modelo de mujer. A lo largo de los años, su ejemplo me ha mostrado los caminos de la fe y me ha acercado cada vez más a la vida espiritual. Mi único mérito ha sido permanecer a su lado y dejarme encender una y otra vez.

Sin su cobijamiento, todo se apaga. Porque es Ella la que enciende el poder de los vínculos en mí. Mi necesidad de acercarme a los sacramentos, de rezar, de visitar el santuario, de implorar al Espíritu Santo, de estar atenta a los demás –mi familia, amigos y todos los que me rodean– lo enciende Ella en mi corazón.

Por eso es fundamental cada visita a la Ermita o al Santuario, especialmente los días 18, cuando renovamos nuestra Alianza en familia. Allí vuelvo a dejarme encender, porque muchas veces llego apenas con unas pequeñas brasas.

Un Fuego que me transforma

Al sellar nuestra Alianza, la Mater no me transformó de una vez y para siempre. Ella me sigue transformando todos los días. Y para eso sé que es fundamental alimentar la llama… echarle leña al fuego, mi vida de Alianza necesita mis contribuciones al Capital de Gracias. Son esos ofrecimientos y esa entrega los que permiten que la Mater siga educándome y moldeando mi corazón.

“Nada sin Ti, nada sin nosotros”. Mi pequeña ayuda, mis grandes pedazos de leña o mis pequeñas astillas ofrecidas mantienen la hoguera encendida… ¡Y cuántas veces se me olvida! A veces, al comenzar el día, le entrego todo lo que voy a hacer y vivir. Y al terminarlo, pongo en sus manos todo lo que me sucedió: lo que hice bien, lo que no hice y también aquello que hice mal, mis equivocaciones, que son las que más duelen.

A través de nuestra Alianza, Ella me ha educado, moldeado y transformado para amar mejor, pero según la originalidad de mi forma de ser y de lo que Dios puso en mí, algo que sé que es único e irrepetible. Porque la vida real de mi matrimonio, mis hijos, mi familia ampliada, mis amigos, la vida profesional, mi fe y también la preocupación por mí misma, necesitan trabajarse siempre, pero con lo que yo soy y con mi historia personal.

Esto es algo muy central en mí y en mi vida de Alianza: ¡Qué mis vínculos nunca se apaguen! Porque es Dios que me ama, me habla y me guía a través de todos ellos. Mantenerlos encendidos, fuertes y sanos es un desafío permanente. Me exige trabajo, muchas veces me produce pena y frustraciones, pero también me regala grandes alegrías y satisfacciones, gracias al amor de quienes me rodean y me privilegian con su amistad.

Un Fuego que me envía

A través de nuestra vida de Alianza, la Mater ha encendido en mí un fuego que ilumina y que quiero compartir. Me he dado cuenta de que, consciente o inconscientemente, vivo en modo Alianza a través de todos mis vínculos. Su presencia es una luz constante que me transforma y guía mis pasos. ¿Cómo no voy a querer que otros también la conozcan? ¿Qué experimenten las gracias del Santuario? ¿Qué descubran la riqueza de un verdadero grupo de vida, de una familia de Alianza? ¿Qué otros matrimonios disfruten del regalo de tener un Santuario-Hogar? ¿Qué puedan conversar con naturalidad de lo terrenal y lo sobrenatural, compartiendo la fe en su vida cotidiana? ¿Qué descubran ideales que den sentido y orientación a sus vidas? ¿Qué podamos juntos transformar el mundo?

Ese es el fuego que quiero contagiar. Un fuego que se expande y alcanza a mi matrimonio, a mis hijos, al resto de mi familia y a mis amigos. Porque el envío apostólico, esa tercera gracia, no significa necesariamente salir a predicar: es vivir en modo Alianza. El fuego de la Alianza no es una pequeña llama que se guarda para uno mismo: es una hoguera que crece cuando se comparte.

A 35 años de haber sellado mi Alianza de Amor con María, puedo decir con certeza que las 3 gracias no son etapas cronológicas, necesito el cobijamiento, la transformación y el envío todos los días para que arda esa hoguera de fe y amor. ¿Y si se apaga? Sé que habrá días en que apenas queden unas brasas, pero también sé dónde volver a encenderlas, porque la Mater está siempre ahí, esperándome, y son los vínculos que cultivamos los que ayudan a mantener encendido ese fuego.

Por eso afirmo que mi Alianza es un Fuego ¡Y que nunca deje de arder!

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