
Maipú: cien años de la Reina
TEMPLO VOTIVO DE MAIPÚ
Al servicio de la Virgen del Carmen y del pueblo de Chile
Entrevista al P. Marcelo Aravena, rector del Templo Votivo Nacional de Maipú
Susy Jacob
En el marco del centenario de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina de Chile, conversamos con el P. Marcelo Aravena, rector del Templo Votivo Nacional de Maipú, uno de los principales santuarios marianos del país. En esta entrevista, el sacerdote comparte cómo los Padres de Schoenstatt viven la misión que la Iglesia les ha confiado desde hace casi seis décadas, reflexiona sobre la riqueza de la piedad popular y el aporte del carisma de Schoenstatt al servicio de los miles de peregrinos que, año tras año, llegan hasta Maipú para encontrarse con Cristo de la mano de María.
P. Marcelo, el P. José Kentenich respaldó que los Padres de Schoenstatt pudieran servir en el Templo Votivo de Maipú, ¿qué significa para ustedes que ese anhelo hoy sea una realidad?
Los Padres de Schoenstatt estamos a cargo de la pastoral del Santuario Nacional de Maipú desde el año 1966. Ese año, el Arzobispado de Santiago, en la persona del cardenal Raúl Silva Henríquez, confió formalmente la atención y dirección del lugar a nuestro Instituto. El primer rector de la comunidad en asumir esta tarea fue el padre Joaquín Alliende, quien incluso conversó directamente con nuestro fundador, el P. José Kentenich, para recibir su consejo sobre cómo liderar este icónico espacio. El P. Kentenich acogió con alegría la confianza que el cardenal Raúl Silva Henríquez había depositado en nuestra comunidad. Sin embargo, le dijo al P. Joaquín que la tarea de llevar adelante la pastoral del Santuario Nacional no debía ser solo de los Padres de Schoenstatt, sino que debía realizarse con la colaboración de toda la Familia de Schoenstatt. Ese consejo marcó, en cierta medida, el trabajo de los rectores que vinieron después. El P. Joaquín Alliende fue el primer rector; luego estuvieron el P. Raúl Feres, el P. Carlos Cox, el P. Raúl Arcila y, actualmente, quien les habla. Llevamos cerca de 60 años al servicio de la Iglesia en el Santuario Nacional de Maipú y estamos muy felices de poder servir de esta manera al Pueblo de Dios.
Una comunidad que también ha estado años presente ha sido la de las Hermanas de María, quienes han servido aquí pastoralmente, acogiendo a los peregrinos y convirtiendo este lugar en un hogar. Formando grupos y animando comunidades. Su presencia es un regalo enorme para el Templo.
¿Cuál es hoy la responsabilidad que la Iglesia ha confiado a los Padres de Schoenstatt en el Templo Votivo y cómo se concreta esa misión en la vida cotidiana?
La responsabilidad que la Iglesia ha confiado a nuestra comunidad nos llena de humildad. Nos enorgullece, pero también nos desafía por la enorme misión que aquí tenemos. Con el paso del tiempo hemos descubierto que este templo votivo –que nace de un voto, de una promesa– se ha convertido en un verdadero santuario: un lugar de peregrinación, un lugar de gracias y de bendición, donde la comunidad se encuentra con el Señor y, especialmente, con nuestra querida Madre y Reina del Carmen. Nuestra responsabilidad pastoral radica fundamentalmente en eso: procurar que el Templo Votivo sea un santuario donde el Señor y la Virgen del Carmen se hagan presentes en la vida de las personas. Todo el tema del santuario nos resulta muy propio, porque nosotros vivimos en el santuario, trabajamos desde el santuario, con el santuario y para el santuario. En segundo lugar, el Santuario de Maipú es un santuario mariano. Estoy profundamente admirado por la extensa devoción que el pueblo de Dios tiene hacia la Virgen del Carmen. De norte a sur y de este a oeste, es impresionante cómo ella ha marcado la catolicidad del pueblo chileno. Además, es un santuario nacional, reconocido como tal por los obispos de Chile. Es un lugar de encuentro y también de irradiación para todo el país. Lo constatamos porque llegan peregrinos de todas las regiones de Chile e incluso del extranjero. Finalmente, es un santuario popular. Aquí llega el pueblo, y llega en multitudes. Todo tiene grandes dimensiones: las celebraciones, las fiestas y las eucaristías principales son multitudinarias. Eso exige un trabajo pastoral en el que hay que poner todo el corazón, pero también desarrollar una gran logística de acogida para recibir a los peregrinos y fieles que llegan masivamente a visitar a la Virgen del Carmen.
¿Cómo describiría la expresión de piedad popular que se vive allí y qué le enseña diariamente el pueblo creyente?
Yo describiría la piedad popular que se vive aquí como una expresión masiva, espontánea y profunda. Es una experiencia que muchas veces deja desconcertado y sorprendido por la profundidad de la fe de las personas que llegan al santuario. Los peregrinos vienen a agradecer, a alabar, a pedir perdón, a llorar, a desahogarse, a encontrar un refugio de paz, un momento de silencio y de oración. También vienen a celebrar y a cantar. Es un gran abanico de formas en que la piedad popular se expresa. Junto a esa vivencia cotidiana, también tenemos grandes expresiones de piedad popular, como los bailes religiosos, que llegan por cientos y miles al santuario; los cultores del canto a lo divino y la comunidad de Cuasimodistas. Estas tres expresiones hacen del santuario un lugar muy bello, muy colorido y profundamente festivo, especialmente durante la celebración del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, y en otras festividades marianas. En definitiva, aquí la piedad popular se expresa con libertad, de manera abierta y auténtica, como una manifestación del amor a Dios y del amor a la Virgen María.
En una sociedad donde muchos hablan de una disminución de la práctica religiosa, ¿qué les dicen las miles de personas que siguen llegando cada año al Templo Votivo?
Por lo que he podido observar y escuchar, ha disminuido la participación y la peregrinación de los fieles al santuario, tal como ha ocurrido en muchas parroquias e iglesias del país. Esto responde a distintos factores: la dolorosa historia de los abusos, la pandemia, el estallido social y también a un proceso cultural de secularización que ha experimentado nuestro país. Todo ello ha impactado también al Templo Votivo. Sin embargo, hoy estamos viviendo una especie de despertar. Aparentemente la gente está volviendo y, además, están llegando nuevos católicos que acuden con gusto al santuario. Creo que la Iglesia tiene la misión permanente de estimular, motivar e implorar el don de la fe para todos los chilenos. Los desafíos del mundo moderno no deben atemorizarnos. Por eso queremos mantener las puertas del templo ampliamente abiertas, para que las personas puedan acercarse. Tal vez, el chileno no sea tan expresivo en su fe, pero justamente debemos ofrecer espacios donde pueda vivirla y manifestarla libremente. Y creo que este santuario es uno de esos lugares.
Desde la espiritualidad de Schoenstatt, ¿qué aportes sienten que pueden ofrecer al desarrollo de esa piedad popular para ayudar a que las personas vivan un encuentro más profundo con Cristo a través de María?
Desde la espiritualidad de Schoenstatt, para nosotros como Instituto de Padres, servir en un santuario mariano es algo muy natural. Toda la espiritualidad del santuario y el anuncio de que existen lugares donde se concentra la gracia de Dios y se experimenta su bendición son una inmensa alegría para nosotros. Nos entusiasma proclamarlo, anunciarlo e invitar a los fieles a vivir esa experiencia.
Nos alegra también ver que muchas personas regresan al santuario. Hay un permanente ir y venir de fieles y, cuando llegan grupos organizados, siempre los invitamos a volver. Muchos lo hacen, y eso es muy hermoso.
Lo que deseamos es que quienes vienen regresen porque experimentaron una gracia especial, porque fueron escuchados, encontraron paz, sintieron que Dios los tocó o que María Santísima los cobijó bajo su manto.
Hablar de María para nosotros es algo muy connatural. Nos alegra anunciarla como Madre, compañera y colaboradora de Jesús. Por eso invitamos a las personas a consagrarse, a recibir el escapulario, a subir al camarín de la Virgen, abrirle el corazón y renovar su fe delante de ella, procurando vivir una fe fuerte y valiente, como la que tuvo María.
Este año se cumplen cien años de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina de Chile, ¿cómo se está preparando el Templo Votivo para celebrar este año jubilar?
El centenario de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina de Chile es el gran mensaje que nos acompaña durante este año. Estamos celebrando los cien años de aquella primera coronación, realizada el 19 de abril de 1926, y hoy tenemos la alegría de conmemorar ese aniversario.
A lo largo del año ya hemos desarrollado diversas actividades y tendremos dos celebraciones especialmente significativas. La primera será el 16 de julio, solemnidad de la Virgen del Carmen, y la segunda el 22 de agosto, en la fiesta de María Reina, ocasión en la que hemos invitado al Nuncio apostólico a renovar la coronación realizada hace cien años por el representante pontificio de aquella época. El 20 de diciembre clausuraremos oficialmente este año centenario. Además, entre el 7 de julio y el 19 de diciembre, el Templo Votivo será un santuario que otorgará el beneficio espiritual de la indulgencia plenaria.
¿Qué celebraciones están programadas para el próximo 16 de julio?
Como siempre las puertas del santuario estarán abiertas desde las 7 de la mañana en que tenemos la primera Eucaristía organizada y celebrada por los Madrugadores. A las 10 de la mañana, a las 12 del día, al mediodía tenemos la misa principal, presidida por el cardenal Fernando Chomali. A las 5 de la tarde, la Eucaristía final contando con la presencia de todas las parroquias de Maipú. Tendremos domos de adoración, domos de Lectio Divina. También expresiones culturales, folclóricas, en fin, es un día de fiesta, como todos los años, para mí va a ser la tercera vez que celebro el 16 de julio, el día de la Carmelita. Y esperamos entre 20.000 y 30.000 personas que acudan ese día.
Schoenstatt tiene una profunda espiritualidad mariana centrada en la Mater, ¿cómo dialogan y se enriquecen mutuamente la devoción a la Virgen del Carmen y la espiritualidad de la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt?
Como Padres de Schoenstatt estamos en un diálogo permanente con nuestro carisma y el carisma carmelitano. La devoción a María es una sola, que adquiere rostros diferentes de acuerdo a la devoción a la cual estamos vinculados. Para nosotros está claro que María es la madre del Señor y la colaboradora permanente en el plan de salvación. Y de ahí nace una espiritualidad mariana, con formas de pensar, vivir y amar como María. Este año tenemos un lema: “Salve María, Reina de Chile, Reina de la Esperanza”. Y eso es lo que queremos transmitir desde aquí: que María reina sobre nosotros, con nosotros y para nosotros. Reinar es servir, su presencia fortalece la Fe del pueblo.
¿Qué cree que la Virgen del Carmen quiere decirle a nuestro país y qué esperanza le gustaría transmitir a quienes acudirán este año a su santuario?
Especialmente desde este Santuario tenemos que transmitir un mensaje de esperanza y de libertad. El templo nació de una promesa del pueblo de Chile y de los padres de la Patria, de construir un santuario en el lugar donde ocurriera la batalla que asegurara la independencia de Chile. La Virgen cumplió y el pueblo cumplió con su parte. Es una promesa cumplida por la libertad de Chile. Hoy Chile tiene otras cadenas –de la polarización y la violencia– y necesitamos un Chile más justo y equitativo, donde haya paz, desde el santuario estamos repitiendo ese mensaje.

