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Escuela de Jefas de la JF

Publicado: 17 de Julio de 2026

ESCUELA DE JEFAS DE LA JUVENTUD FEMENINA

por Magdalena Fontaine

La Escuela de Jefas 2026 de nuestra Juventud Femenina de Schoenstatt se llevó a cabo en el Santuario Cenáculo de Bellavista, entre los días 26 de mayo y 7 de junio. Fueron casi tres semanas de vivir un “intensivo” de formación, vida comunitaria y oración con un grupo de universitarias de distintos santuarios de Chile, en el marco de la celebración del Tercer Hito de Schoenstatt y la Jornada Nacional de Dirigentes, en la que tuvimos la oportunidad de participar.

Ya ha pasado casi un mes desde la “eterna pijamada” en la casa nacional de la JF. 10 universitarias tuvimos la alegría de vivir a la sombra del Santuario. Llamadas en distintos momentos del año, cada una dio un gran salto cuando aceptó sumarse a esta loca idea. Nunca dejamos de asombrarnos de cómo Dios supo responder de forma única y especial a las inquietudes y circunstancias de cada una, formando una comunidad preciosa en el camino. Desde los Santuarios de Providencia, Bellavista, Monte Schoenstatt, Buin, San Fernando y Montahue, la Mater reunió a distintas representantes de nuestra juventud, que llenaron la casa de canciones, risas, comida rica y mucha oración. Las participantes fueron: Alicia Wahl, Matilde Sánchez, Clarita Caroca, Daniela Díaz, Josefina Vizcaíno, Maite Contreras, María Ignacia Reyes, Magdalena Fontaine, Victoria Zúñiga y Rosario Otaegui. Además tuvimos el regalo de contar con nuestra querida asesora nacional, la Hna. María Teresa, quien nos acompañó durante toda la escuela.

A diferencia de nuestros clásicos campamentos de verano u otras jornadas, la Escuela de Jefas no fue un momento de retiro del mundo y sus responsabilidades. Más bien, fue vivir la vida de forma distinta con el anhelo de llegar al final del día a “casa” y que esa fuera también la casa de la Mater. Cada día empezaba muy temprano: sonaban las alarmas, rezamos la oración inicial y partíamos a la universidad a poner en “práctica” todos los ideales y propósitos conversados el día anterior. A veces nos iba bien, otras veces no tanto pero siempre volvíamos al Cenáculo, a nuestra casita a empezar de nuevo. Así, estas tres semanas fueron una verdadera Escuela de Amor para la vida. Una prueba de que sí se pueden hacer las cosas de una forma distinta, de que sí se puede poner a Dios en el centro de nuestras vidas.

Fue así como, al pasar los días, el nombre de escuela de jefas fue cambiado por “Hogar de jefas”. Al inicio fue un poco de broma, pero luego le dimos un sentido mucho más profundo. Y es que no era nada evidente que 10 personas completamente diferentes pudieran vivir juntas, y menos pasarlo tan bien como lo hicimos. Fue precioso ver cómo cada una aportó desde su autenticidad: algunas cocinando cosas ricas, otras tocando guitarra (o chelo…) y cantando en las oraciones, otras con sus reflexiones profundas y así muchas cosas más. También la Mater fue educando y puliendo nuestro corazón día tras día, ayudándonos a aprender cosas nuevas que nos permitieron crecer como comunidad.

Si bien el mayor aprendizaje fue dado por el “estar”, también tuvimos el gran regalo de recibir la encíclica del Papa León XIV “Magnífica Humanitas” justo antes de empezar la Escuela. Al parecer Dios así lo quería, porque las cosas se fueron dando y todas queríamos saber más y más sobre ella. Realmente nos hizo sentido y sentíamos la necesidad de compartirlo con el resto de la Juventud, por lo que durante la segunda semana de la Escuela hicimos un encuentro abierto para las universitarias de Santiago donde revisamos algunos de los puntos más importantes de la encíclica y los aterrizamos a nuestras inquietudes. Fue precioso ver cómo, a partir de las palabras del Papa, llegamos a respuestas ya contenidas en nuestros propios ideales schoenstattianos: la importancia de los vínculos sanos, de vivir una vida orgánica, de valorar lo humano y tantas otras cosas que siguen resonando en cada una. Así confirmamos una vez más que Schoenstatt y la Alianza de Amor han sido, son y serán siempre una respuesta concreta y real para la Iglesia, y que la Iglesia es lo que el mundo de hoy necesita. Nos convencimos una vez más de que nuestros ideales no son solo palabras bonitas, sino una forma concreta de aspirar siempre a lo más alto, de vivir lo más cerca posible de Dios. ¡Confirmamos que nuestra Juventud Femenina es lo mejor que nos ha pasado!

Sin tener un cronograma oficial, la agenda se fue llenando de actividades. La primera semana estuvimos ayudando a las Hermanas de María a hacer (muchos) alfajores para la Jornada Nacional de Dirigentes, donde también algunas tuvieron algunas tareas concretas. Fue muy rico tener la “casa llena” ese fin de semana y recibir a todas las dirigentes de la Juventud que viajaron para participar en la jornada. La segunda semana se nos llenó bastante de estudio, pero eso no fue impedimento para continuar con actividades “chill” como visitas al Campus San Joaquín, tardes de café, buena conversación y picnics a la sombra del Santuario. La tercera semana llegó con la pena de despedirse y pusimos turbo para alcanzar a hacer todo lo que queríamos. Y lo hicimos realmente todo: clases de boxeo en el “Libra x Libra”, mañana misionera en Puente Alto, desayuno con las Hermanas de María, maratón de Hannah Montana y mucho más. Así, llegamos al final de nuestra Escuela, que cerró con la Alianza de Amor de nuestra querida Maite y la renovación de Alianza de la Ali.

Y así fue como, entre muchos alfajores, estudio, oraciones, cantos y risas, Bellavista se transformó en nuestro hogar por estas tres semanas. Nos llevamos a casa no solo lindos recuerdos, sino un corazón transformado y ganas de vivir siempre “Felices, a la sombra del Cenáculo”. Ahora estamos en la parte más desafiante: llevar todos los aprendizajes a la vida real. Agradecemos profundamente a la Juventud, especialmente a nuestra asesora nacional, por regalarnos esta gran experiencia y por supuesto a Dios, por ser siempre un Padre tan bueno y cariñoso con nosotras. Esperamos que vengan muchas más Escuelas/Hogar de Jefas (como ustedes prefieran llamarlo) para que nuestra Juventud Femenina pueda irradiar esa sombra del Cenáculo al resto del mundo que tanto lo necesita. ¡Hija Inmaculada, Cenáculo para el Mundo!

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