Volver

Carta a familia de Schoenstatt

Publicado: 15 de Junio de 2026

Carta a la familia de Schoenstatt a propósito de la  JND 2026

15 de junio de 2026

Querida familia de Schoenstatt:

Les escribo con mucha alegría y gratitud en el corazón por lo vivido en la Jornada Nacional de Dirigentes hace un par de semanas. ¡Qué lindo encuentro familiar! Abrazos, sonrisas y amistades que se reencontraban. ¡Y María en el Santuario nos recibía con los brazos abiertos!

Nos convocaba el anhelo de seguir rezando, compartiendo y reflexionando en torno a la Alianza de Amor, el corazón de nuestro carisma. Lo hicimos acompañados del lema que tenemos como familia nacional: «¡Que viva tu Alianza!». Se trata de un lema que nos ayuda a poner en el centro la Alianza y que tiene una doble mirada: por un lado estamos nosotros, gritando al cielo «¡viva!», porque reconocemos que lo que tenemos es un regalo inmenso; y por otro, está María, que nos envía a trabajar con decisión para que esa Alianza se haga vida en lo cotidiano. Es gratitud, alegría y asombro; es desafío, envío y misión.

¿Y por qué seguir hablando de la Alianza? ¿No debiéramos dejar de centrarnos tanto en nosotros mismos? Suena como una objeción válida a primera vista. Pero no tanto cuando la vemos en profundidad. Porque cuando atesoramos y miramos con más claridad nuestro centro —la Alianza—, toda nuestra vida se ilumina con más fuerza; y no sólo la nuestra: nos volvemos portadores de una luz que se regala a los demás. Así, nuestra salida al mundo es más auténtica y fecunda. Como carisma de la Iglesia tenemos un sello único y diferente, tenemos una vocación —un llamado— a ser Iglesia de acuerdo a nuestra propia originalidad. Y en la medida en que construyamos desde allí, entonces podremos darnos con entera propiedad. En términos schoenstattianos, la Alianza de Amor con María es casi el ideal personal de nuestra familia; necesitamos cultivarlo y repetirlo día a día para que impregne toda nuestra vida.

Pero volvamos a la JND y permítanme contarles algo más de esta preciosa vivencia que el Señor y la Mater nos regalaron. Nos reunimos 650 dirigentes venidos de todo Chile. Empezamos el sábado con la misa, y luego ya en el auditorio Josefina Araos nos ayudó a leer los signos de los tiempos. Nos habló de un Chile traspasado por la incertidumbre, con vínculos que se debilitan y una soledad cada vez más preocupante, pese a tanta conectividad. Un diagnóstico que podría desanimarnos, pero como ella misma nos insistió, ¡no podemos quedarnos rumiando eternamente la desolación! Nos decía que es justamente ahí —donde más frágiles están los lazos— donde nuestra Alianza se vuelve más relevante. Después tuvimos un bloque para pensar y reflexionar en torno a la Alianza de Amor —¡no podía ser de otra manera!—, con tres testimonios de Alianza que nos tocaron el alma; y finalmente cerramos la mañana con una hermosa conversación sobre el ser dirigente: un fuego que no encendimos nosotros, sino que nos fue regalado, y que estamos llamados a cuidar y a transmitir. En la tarde tuvimos los “encuentros cenáculo”: unos talleres para entregar a los dirigentes herramientas concretas de nuestro carisma para la conducción. También tuvimos un espacio para conversaciones por ramas o comunidades; una oración preciosa del 31 de mayo en la Iglesia del Espíritu Santo y una cantata en la noche animada por los jóvenes. Y el domingo comenzamos escuchando sobre los tres venerables schoenstattianos que definitivamente supieron vivir su Alianza: João Pozzobon, Mario Hiriart y la Hna. Emilie. Y para terminar la jornada celebramos la misa del 31 de mayo: todos los peregrinos habituales de las misas de domingo más todos los participantes de la JND. Fue un encuentro precioso. ¿Y después? Bueno, después salimos desde allí, tierra del “nuevo pentecostés”, a la misión.

Por eso quiero invitar a toda la familia nacional a seguir atesorando y cultivando nuestra Alianza de Amor con la Mater: ¡se trata del fundamento mismo de nuestra misión! Así es que a tomarnos bien firmes de su mano y desde allí lanzarnos a vivir toda la riqueza de nuestra fe católica. O si prefieren, a ponernos los “lentes de la Alianza”, y así poder ver toda la realidad con la óptica que nos regala vivir con el corazón consagrado a María. Es por allí que pasa nuestro camino de santidad: en la oración personal y en la misa del domingo, en las dificultades del trabajo y en los vínculos de cada día. Todo lo queremos vivir desde la Alianza.

Termino esta carta a la familia agradeciendo. Gracias, nuevamente, a todos los dirigentes que pudieron participar en la JND. Gracias a todos los que han realizado diversos servicios y que han asumido responsabilidades a lo largo de los años. Consejos, jefaturas, coordinaciones diocesanas, pastorales, asesorías… ¡tanta vida, tanto servicio! Pero también gracias a todos ustedes, a cada miembro de la familia, por ser protagonistas de esta historia sagrada que construimos juntos. Gracias por poner de su parte para poder formar una verdadera comunidad. Con ese cariño y esa Alianza vivida, ustedes hacen posible que muchos otros se encuentren con el amor de Dios. Señoras, matrimonios, campaña, profesionales, institutos, jóvenes y peregrinos. ¡Gracias a todos por ser familia! 

Ahora sigamos adelante, caminando día a día tomados firmemente de la mano de la Mater.

Rezo por ustedes desde Bellavista. ¡Que viva tu Alianza!

P. Gonzalo Illanes

también puedes descargar la carta aquí

Compartir esta noticia:

Noticias relacionadas